viernes, enero 27

El piano infinito

Le llamaron Danny Boodmann T.D. Lemon, pero todos le decían 1900 porque el primer día de ese año lo encontraron, dentro de una caja de limones, en el salón más distinguido de la primera clase de un barco trasatlántico. Sus padres habían llegado a Nueva York persiguiendo una nueva vida, pero una vida sin él, porque prefirieron abandonarlo antes que convertirlo en un pionero.
Danny creció al amparo de los obreros de las calderas, en los fondos del buque. Una madrugada, a la edad de cuatro años, se coló en el salón principal  y descubrió lo que era un piano. Ese coloso de madera que sus brazos no podían abarcar se encargó de completarlo, le dio una identidad, un modo de expresión y relación con los otros, a los que hablaba y describía con distintas melodías. Sin buscarlo, se convirtió en una leyenda ingrávida y fantástica, era capaz de improvisar genialidades ante el estímulo correcto: el mejor pianista del mundo vivía en un barco y jamás había pisado tierra firme.
Su historia llegó a oídos de Jelly Roll Morton, acaso el más famoso intérprete de la época, no solo por su destreza con las manos, sino porque su ego lo hacía ver como un campeón de boxeo siempre dispuesto a defender su corona. Morton se embarcó para desafiarlo y la batalla acabó decidiéndose por virtuosismo. Esa noche Danny tocó como un animal, a tal punto que logró encender un cigarrillo simplemente acercándolo a las cuerdas del piano después de abrumar a todos con una improvisación excelsa.
La gloria lo reclamaba en tierra firme, mucha gente subía al barco y viajaba sólo para grabarlo y ofrecerle contratos, pero salvo la ilusión de una muchacha a la que conoció en cubierta y que luego vio perderse por el muelle, allá afuera nada le interesaba. ¿Para qué descender? ¿Qué podía hacer consigo mismo allá abajo? Las ciudades modernas lo aterraban. Ni siquiera el mar había obrado esos efectos, pero con Nueva York no podía, le resultaba interminable, era un espacio sin límites, un despliegue inmanejable.
El teclado de su piano, igual que su barco, tenían un principio y un fin, pero la ciudad no. ¿Cómo elegir una sola calle, un solo camino, una sola mujer, una vida sin partidas ni llegadas? Tierra firme era un barco demasiado grande para andar a la deriva y nunca se bajó.
Danny sabía de melodías, pero nunca supo de pianos infinitos.

The legend of 1900. Dir: Giuseppe Tornatore. 1998.

1 apuntes:

guillermo dijo...

que belleza adolescente mas embaucadora tiene la chica...