viernes, diciembre 30

Desventuras de diciembre

Normalmente, soy un tipo normal. Es decir, no suelen ocurrirme las cosas grandilocuentes, maravillosas, trágicas y líricas que le ocurren a otras personas dentro y fuera de la ficción. Pero cuando me ocurre algo después de un periodo sin aspavientos, ocurre por todo lo alto... Mamá siempre dijo que si iba a hacer algo, que lo hiciera de lo mejor. 

El año que termina ha sido pródigo en felicidad, creía que llegaría hasta el final invicto en desgracias, sin embargo, diciembre se ha encargado de recordarme un par de cosas: que la felicidad cuesta y que uno nunca las tiene todas consigo. Empecemos por la ventana. Sí, la ventana de mi dormitorio en un quinto piso que caprichosamente resbaló de mis manos, saltó de su carril y cayó ocasionando destrozos. Ni bien fui consciente de lo que había ocurrido, quedé perplejo. Me tomó uno o dos minutos asomar la cabeza por la ventana y comprobar que el único perjudicado había sido el auto de mi vecina. El panel de la ventana que cedió tenía un tamaño considerable y atravesó el parabrisas trasero, la lluvia de vidrios raspó la pintura y los cromos generando, además, numerosas abolladuras. Sólo después de respirar aliviado por no tener víctimas mortales, maldije la mala suerte de tener que cubrir los gastos. Cuando reparé en que mis manos y brazos estaban ensangrentados, también maldije la cuenta de lavandería.

Luego vino el problema del ritmo. Sin señales previas, una madrugada después de navidad desperté sobresaltado. Sentía como si un tropel de caballos embistiera para salirse de mi pecho. Pensé que era mi reacción natural a los temblores limeños, pero no. Solamente levantarme de la cama supuso un esfuerzo tremendo. Aún así pude vestirme y llegar caminando las siete cuadras que separan mi casa de la Clínica Americana. Ordenaron electrocardiograma y la atenta señorita que manipulaba el aparato salió disparada apenas tuvo el resultado de las lecturas. Inmediatamente fui rodeado por enfermeras y sujetos que me inyectaron, desvistieron, entubaron y trasladaron a la Unidad de Cuidados Intensivos porque la taquicardia marcaba 190 pulsaciones y había "riesgo de caída", eufemismo que debe suponer el peor resultado de los eventos, porque el médico de urgencias respiró aliviado cuando hizo el traslado y los de la UCI me acogieron.

Ambas circunstancias, de las que he salido afortunadamente bien librado, no hacen sino confirmar que la salud no es una bicoca y que terminar tus días como víctima de un cuadro de estrés es muy poco honorable. Lo paradójico es que hace años yo pensaba que el estrés era solo una excusa con respaldo médico y, sin embargo, he terminado abrazando cualquier causa que lo combata. Por eso, este 2012 me he prometido extender la felicidad emocional al cuerpo y ser un tipo odiosamente feliz, en cuerpo y alma. Creo que hay varios años nuevos más por rebanar allá, adelante. Y van a pillarme en forma... Claro, si las profecías Maya lo permiten.

viernes, diciembre 23

Nadie nos escucha y es navidad

Hay un mundo más allá de los villancicos y las corales en navidad. Es preciso que esto se entienda. Que la fiesta sea una tradición no significa que debamos ponerle play a la misma invariable banda sonora cada diciembre. El Happy Christmas (War is over) de Lennon también empieza a contagiarse de ese óxido preocupante y es casi seguro que acabará en el programa después de Santa Claus is coming to town. Hagamos el hermoso regalo al prójimo de ofrecerle alternativas. Esta es mi contribución a la causa, feliz navidad.

Thank God it's christmas (Queen)





 Christmas is all around (Billy Mack)

 

I wish it could be christmas everyday (Wizzard)



Christmas wrapping (The Waitresses)

 

Another rock'n roll christmas (Iron Maiden)

miércoles, diciembre 21

Acerca de Nicolás



El sonriente personaje que encanta a los niños fue forjado a lo largo de los últimos diecisiete siglos, con base en la historia de un obispo que vivió en el siglo IV. La ciudad de Mira, en el antiguo reino de Licia, en el actual territorio de Turquía, tuvo un prelado llamado Nicolás, quien fue célebre por la generosidad que mostró con los niños y los pobres, pero fue perseguido y encarcelado por el emperador Diocleciano. Con la llegada de Constantino al trono de Bizancio ─ciudad que con él se llamó Constantinopla─ Nicolás quedó en libertad y pudo participar en el Concilio de Nicea (325). A su muerte, fue canonizado por la Iglesia católica como San Nicolás. Surgieron entonces innumerables leyendas sobre milagros realizados por el santo en beneficio de los pobres y los desamparados.

Durante los primeros siglos después de su muerte, San Nicolás se tornó patrono de Rusia y de Grecia, así como de incontables sociedades benéficas y también de los niños, de las jóvenes solteras, de los marineros, de los mercaderes y de los prestamistas. El siglo VI fue prolífico en iglesias dedicadas al santo, pero esta tendencia se interrumpió con la Reforma, cuando el culto a San Nicolás desapareció de toda la Europa protestante excepto de Holanda, donde se lo llamaba Sinterklaas (una forma de San Nicolás en neerlandés). En Holanda, la leyenda de Sinterklaas se fusionó con antiguas historias nórdicas sobre un mítico mago que andaba en un trineo tirado por renos y que premiaba con regalos a los niños buenos y castigaba a los que se portaban mal.

En el siglo XI, mercaderes italianos que pasaban por Mira robaron reliquias de San Nicolás y las llevaron a Bari, con lo que esa ciudad italiana, donde el santo nunca había puesto los pies, se convirtió en centro de devoción y peregrinaje, al punto que hoy es conocido como San Nicolás de Bari. En el siglo XVII, emigrantes holandeses llevaron la tradición de Sinterklaas a los Estados Unidos, cuyos habitantes anglófonos adaptaron el nombre a Santa Claus, que les resultaba más fácil de pronunciar, y crearon una nueva leyenda, que acabó de cristalizar en el siglo XIX, sobre un anciano alegre y bonachón que en recorría el mundo en su trineo distribuyendo regalos por Navidad. Santa Claus se convirtió en estímulo de las fantasías infantiles y, sobre todo, en ícono del comercio de regalos navideños.

La tradición no tardó en cruzar nuevamente el Atlántico, ahora remozada, y extenderse hacia varios países europeos, en algunos de los cuales Santa Claus cambió de nombre. En el Reino Unido se le llamó Father Christmas (papá Navidad); en Francia fue traducido a Père Noël (con el mismo significado), nombre del cual los españoles tradujeron sólo la mitad, para adoptar Papá Noel, que se extendió rápidamente a la América Latina.

(Muchos de estos datos han sido extraídos del libro La fascinante historia de las palabras)

viernes, diciembre 16

Otra historia de Thelma y Louise


En la tradición judía se narra la historia de Lilit, la primera mujer, anterior a Eva, que renegó del Edén y se mandó mudar por no estar conforme con el sometimiento a Adán, para quien había sido creada como una bestia más que le sirviera. Este acto de sedición debió ser la comidilla del Paraíso por esos días y el veto social acabó convirtiendo a Lilit en un demonio que rapta niños de sus cunas y causa poluciones nocturnas a los adolescentes.

Eva aparece después, con el encargo de revertir estos antecedentes y ser más bien una suerte de ama de casa de los años cincuenta, modosita y diligente. En este contexto, la serpiente no sería otra que Lilit, que figura en diversas representaciones, como la de Miguel Ángel en la Capilla Sixtina, como mitad mujer y mitad serpiente. La historia es conocida: presa de su ingenuidad, Eva cayó en la trampa de Lilit y alentó al papa frita de Adán a hacer lo propio con el fruto prohibido.

Algunos acusan al Génesis de ser misógino y pro fálico, pues en el relato, Lilit/Eva aparece como depositaria de los resortes machistas de Dios -o por lo menos de sus escribas- al hacerla responsable de la expulsión del Paraíso, del pecado original y de que tengamos que ganarnos el pan con el sudor de la frente. Y a partir de allí, la mujer del Antiguo Testamento cumple la doble función de tentación pecadora y/o reproductora industrial de multitudes.

Sin embargo, así como Lilit detestaba que a la hora del sexo Adán la obligara a ir abajo, porque el señorito no aceptaba que ella estuviera por encima de él, el creado a imagen y semejanza; así como Lilit protestó por el vejamen argumentando que ambos habían sido creados del mismo polvo (de arcilla, se entiende) y prefirió rebelarse, así pienso que Eva hizo lo propio con Adán. No hay leyenda, tradición o mito que argumente a este favor, pero tampoco hay evidencias que indiquen que Eva lo pasaba de lo mejor.

La verdadera historia sería, entonces, la siguiente. Lilit, diez años mayor que Eva, lleva una vida desencantada, piensa que cada quien es dueño de su destino y se esfuerza por alcanzarlo, pero no lo pasa bien con los novios que consigue, ellos le huyen al compromiso o son también medio cavernícolas y le recuerdan a Adán. En estas circunstancias traba contacto con Eva, esposa sumisa y ridiculizada por los aires megalómanos de un marido que le encajaron sin preguntar. Entonces Lilit convence a Eva de regalarse un fin de semana a solas y marchar a las montañas. Eva consulta con Adán y él califica aquello como un despropósito: ¿dónde se ha visto?, ir por ahí solas, dejar al marido en casa. Probablemente la decepción de Eva se agravó cuando Adán, en un torpe intento por reforzar su autoridad, quiso obligarla a tener sexo (él arriba, por supuesto) y esto encendió la indignación de Eva. Esa noche, al calor de unas copas, Lilit convence a Eva de largarse y ser mortal. Entonces Eva muerde el fruto prohibido con la doble intención de ser libre y desquitarse, de paso, con el áspero y displicente Adán.

Desde entonces, el tipo va por el mundo mordiendo la bronca y descargándola con las Evas que no conocen la inspiración de Lilit. Al punto que en este último tiempo han aparecido numerosas campañas para frenar esta violencia, incluso empieza a usarse el neologismo "feminicidio" para referirse penalmente las agresiones más extremas. Mientras tanto, Eva y Lilit, las primeras, tras saltar al vacío del barranco del Edén en un Ford Thunderbird descapotable del 66, aterrizaron en el centro de la historia de la humanidad y allí pasan los días, hermosas, decidiendo la suerte de todos los Adanes. Ellos, por supuesto, no están enterados.

viernes, diciembre 9

El portero del diablo


En Ghana existe un estadio con su nombre, el Robert Mensah Sports Stadium y pertenece al Mysterious Dwarfs Club (Los Enanos Misteriosos). Mensah fue el arquero más temido de todos los tiempos, enfrentarlo bajo sus tres palos era como entablar una lucha a muerte con la epifanía del mismísimo demonio. Vestía siempre de negro, como el ruso Lev Yashin, pero destacaba por una gorra blanca que había tomado del lecho de muerte de su abuelo, un famoso brujo de Ghana. Se dice que la gorra le servía para realizar vudú a sus rivales. Conocida la leyenda, los jugadores contrarios intentaron muchas veces arrebatársela, pero fue inútil.

Mensah, nacido en 1939, instalaba un ambiente de odio en el estadio y parecía disfrutarlo. Era un provocador de aquellos. Bostezaba cuando el rival no lo atacaba y hasta sacaba un diario para hacer el ademán de leer durante los partidos. Cierta vez un equipo rival "arregló" el partido para perjudicar al equipo de Mensah, que por ese entonces era el Asante Kotoko, y cuando el juez cobró un penal, todos los equipistas protestaron, menos el arquero, que esperó calmado bajo los palos porque sabía que controlaría el remate. Entonces el referí le pidió que se quitara la gorra. Mensah montó en ira, hizo caso a la orden, se acercó al rematador y lo miró fijamente de manera amenazante. Al rival le temblaban tanto las piernas que pateó la pelota varios metros por arriba del arco.

En 1971, cuando era considerado el mejor futbolista africano, fue atacado por tres hombres durante una riña nunca esclarecida en un bar. La herida que dejó una botella rota le provocó una hemorragia que acabó con su vida. Dicen que su sangre era negra y lo enterraron con su gorra blanca.

jueves, diciembre 1

Hemingway. Cincuenta años después


Hace 50 años Hemingway bajó al sótano de su casa, tomó una Boss de dos almas y una caja de balas. Volvió al salón, cargó la escopeta, apoyó la culata en el suelo y la frente en los cañones. Tenía 61 años, le faltaban doce días para cumplir 62, ocurrió un 2 de julio. No fue con un arma de cazar tigres, como hubiera exigido una mitología de su talla, sino más bien con una de matar palomas. Las crónicas alabaron su maestría de cuentista supremo, pero poca bola le dieron a sus dos novelas. Alguien más escribió que con el tiempo Hemingway, como escritor menor, se comería a muchos escritores grandes. Hoy es común hallarlo en el altar mayor, sin embargo, cuando se trata de deshilvar argumentos, la biografía se impone sobre la bibliografía. Hemingway murió, pero se transformó en el más grande de todos sus personajes. Hay que leer a Hemingway para entender por qué.