sábado, octubre 29

Maldito Rimbaud



Se trata de saber por qué un niño angelical de ojos azules y bucles dorados pudo convertirse en el adolescente más depravado sin haber perdido la inocencia; por qué un poeta superdotado, creador del simbolismo, el que usó por primera vez el verso libre, el que inauguró la estética moderna, abandonó la literatura a los 19 años, en la cumbre de su genio y se convirtió en un contrabandista de armas y sólo entonces fue feliz. Este enigma ha dado de comer a centenares de críticos literarios. Llegar al alma de Rimbaud siempre se ha considerado una proeza de la psicología humana.

Había nacido en Charleville, un lugar de las Ardenas, Francia, en 1854, hijo de un capitán borgoñés, que consiguió la Legión de Honor en las batallas de Argelia y que una tarde de verano mientras paseaba por la plaza del pueblo y escuchaba la banda de pistones que sonaba en el templete de la música conoció a Marie-Catherine-Felicité-Vitalie Cuif, una joven nada agraciada, pero lo suficiente hacendada y ya heredada como para poner en marcha el mecanismo del amor, hasta el punto que la desposó sin mirar atrás, le llenó el vientre con cinco hijos seguidos y luego la abandonó a su suerte. El capitán desapareció sin dejar rastro cuando Arthur tenía siete años. Puede que fuera su primer trauma. El niño quedó a merced de una madre autoritaria, sólo poseída por la obsesión de parecer respetable en una pequeña ciudad de provincias. Vitalie llevaba a sus hijos a misa muy repeinados, les prohibía jugar en la calle con hijos de obreros y de los cinco hijos sólo uno se le rebeló.

El cuerpo y el alma de Rimbaud fueron puros y transparentes cuando de niño se perdía en los bosques, donde aprendió a unir los sonidos de la naturaleza a las voces oscuras que se oía a sí mismo por dentro y a expresar esa sensación con el ritmo de unas palabras de su exclusiva propiedad, nunca antes pronunciadas. A una edad muy temprana ya escribía diálogos y versos en latín ante la admiración de sus maestros que le hicieron ganar todos los premios en la escuela. El niño huía, se perdía varios días, pero cargado con el rumor de agua y de vientos siempre acababa por volver a casa donde le esperaba la correspondiente paliza. Un día no volvió. Se había enamorado de su nuevo maestro, el profesor de literatura Izambard y le siguió como una huida adondequiera que fuera trasladado y con él compartió el poder visionario de la poesía a través de una larga, inmensa y racional locura de todos los sentidos.

Cuando Rimbaud en 1870 se fugó por primera vez a París tenía 16 años y todavía parecía una niña de tez delicada, ni siquiera le había cambiado la voz, pero ya componía poemas obscenos y violentos en una perenne lucha interior entre el ángel y el demonio que no terminaría nunca. Perdido por los caminos escribía Muera Dios en las paredes de las iglesias y ese era el único rastro que dejaba. Su admirado Baudelaire, poeta maldito, cuando escribió Las Flores de Mal, aun iba muy acicalado, incluso perfumado. Los poetas tenían todavía un carácter sagrado y un porte respetable. Rimbaud fue el que inauguró los harapos de bohemio y el pelo largo, fue el primero en divertirse provocando a los burgueses con una conducta caótica, obscena e irreverente y antes de que se pusiera de moda comenzó a experimentar cualquier clase de vicio como una conquista de la libertad.

En su huida Rimbaud atravesó todos los frentes mientras en Francia se desarrollaba la guerra franco-prusiana. Su cuerpo adolescente despertó a la sexualidad de forma brutal. Fue violado por un pelotón de soldados. Hasta entonces sólo había pensado en el amor dirigido hacia una mujer ideal, asexuada y tal vez una amarga experiencia con una mujer concreta había dejado una herida abierta que le obligó a volverse contra todas las mujeres, empezando por su propia madre. Pero la violación acabó por romperle el alma. La historia de Rimbaud es la de sus continuas fugas sin paradero determinado, primero entre versos parnasianos inspirados en el ocultismo oriental y en la magia, luego con poemas sacados directamente del infierno, que había aprendido en el París revolucionario de la Comuna.

Un día el adolescente Rimbaud le escribió una carta a Paul Verlaine y le adjuntó varios poemas. Verlaine quedó asombrado y le contestó a vuelta de correo: "Ven, querida gran alma. Te esperamos, te queremos". Junto con la carta Verlaine le mandó un billete de tren a París. Rimbaud llegó en septiembre de 1871. El choque emotivo fue terrible. Verlaine abandonó a su esposa y a su hijo recién nacido y comenzó a vivir una aventura homosexual con Rimbaud cuando este todavía con cara de niño tenía ya un alma negra. En plena y mutua tempestad viajaron a Inglaterra, a Holanda, a Alemania. Se amaban en oscuros jergones, se peleaban en las tabernas, iban por las calles como dos vagabundos rehogados en ajenjo, alucinados por el hachís y escribían poemas visionarios. En julio de 1873, después de una violenta pelea de celos en la mansión de la Rue de Brasseurs de Bruselas, Verlaine le disparó en la muñeca. Temiendo por su vida, Rimbaud llamó a la policía. Verlaine fue condenado a dos años de prisión. Al salir se volvieron a encontrar en Alemania y en otra disputa Rimbaud le rajó la cara con una navaja. Fruto de esta experiencia fueron Iluminaciones y Una temporada en el infierno, las dos obras de Rimbaud que inauguraron la estética moderna. Tenía 19 años. Ya había llegado el momento de sentar la cabeza. Rimbaud quería ser rico, quería ser en un caballero. Se convirtió al catolicismo y dejó de hacer poesía, que consideraba una forma de locura.

En el verano de 1876, se enroló rumbo a Java como soldado del ejército holandés. Desertó y volvió en barco a Francia. Luego viajó a Chipre y, en 1880, se radicó en Adén (Yemen), como empleado en la Agencia Bardey. Allí tuvo varias amantes nativas; por un tiempo vivió con una abisinia. Tal vez engendró un hijo o dos o los que fuera. En 1884 dejó ese trabajo y se transformó en mercader de camellos por cuenta propia en Harar, en la actual Etiopía. Luego hizo una pequeña fortuna como traficante de armas para reyezuelos de la región que estaban siempre en guerra. La poesía quedaba atrás como una locura lejana.

En esta etapa de su vida Arthur Rimbaud se comportó con la seriedad fiable de un perfecto burgués. Nada de escandalizar, ni de provocar, ni de saltarse las reglas. Era respetado por sus proveedores, pagaba las deudas en día de su vencimiento, saludaba con educación a sus vecinos, se quitaba el sombrero y besaba la mano de las damas. Tal vez le daba un poco de risa recordar que un día dijo que el poeta debía convertirse en un vidente a través de la convulsión de los sentidos. Si se trataba de registrar lo inefable con palabras nuevas ahí estaba el libro de ingresos y gastos. La nueva alquimia verbal que descubrió de adolescente perdido en los bosques ahora tenía una traducción en la letra de cambio y la nueva alucinación se producía al abrir el cargamento de fusiles que revendía a diez veces su precio a cualquier tirano. Y así hasta que su pierna derecha desarrolló tempranamente un carcinoma y tuvo que regresar a Francia el 9 de mayo de 1891, donde días después se la amputaron. Finalmente murió en Marsella unos meses después a la edad de 37 años.

(El texto es de Manuel Vicent y se publicó en El País hace algún tiempo. Quería yo escribir una nota por los 120 años de la muerte de Rimbaud, pero después de dar con éste texto, me sentí pequeñísimo para intentarlo)

viernes, octubre 14

Travis anda confundido

Travis busca en el espejo lo mejor acerca de sí mismo, pero no lo encuentra. Necesita de alguien que confirme su existencia, un otro que haga evidente que no es un muerto vivo que deambula en ese féretro ambulante que es su taxi... You talkin' to me? You talkin' to me? You talkin' to me?... Travis anda confundido, alguien le vendió el mundo como un cuento de hadas y quiere salvar a la princesa. Entonces desenfunda sus modos de caballero; en verdad, no tiene nada que perder. A Travis le sobran tantas balas como diálogos con personas que jamás lo escucharán. Por eso, cuando llega el oficial de turno, es él quien se manda largar. La princesa tampoco será suya y él no es de los tipos que se echan a llorar. (35 años de Taxi driver)

viernes, octubre 7

Ovejas eléctricas

Corren malos tiempos para los trabajadores por los recortes salariales y las reducciones de plantilla que ha traído la crisis. Una nueva "revolución industrial", como la que cambió el mundo a partir del siglo XIX con máquinas como tejedoras textiles, motores de vapor y locomotoras de carbón, ya viene de Asia.

Mucho antes de que el pintor checo Josef Capek acuñara la palabra "robot" en 1920 y su hermano Karel la introdujera en la obra teatral de ciencia ficción "R.U.R.", en el siglo XVII unas muñecas mecánicas ataviadas con kimonos portaban bandejas de té en el imperio del Sol Naciente. Fabricadas con los mismos engranajes que los relojes, las "karakuri" son las tatarabuelas de los modernos robots que ya proliferan en Japón emulando a los androides de Star Wars, R2D2 y C3PO. Además de su extendida utilización en las fábricas de Japón, donde ya funcionan la mitad de los 800.000 robots industriales del mundo, hay una gran demanda de humanoides "para solucionar problemas medioambientales, encargarse de la seguridad y atender a los ancianos en el futuro", explica a ABC Satoshi Tadokoro, experto en robótica y presidente de la Universidad de Tohoku.

Con 44.500 mayores cuya edad ya ha superado el siglo, el archipiélago nipón sufre un grave problema de envejecimiento porque el 22 por ciento de la población tiene más de 65 años y llegará al 40 por ciento en 2050. En los últimos tiempos, el Gobierno nipón ha invertido 7.600 millones de yenes (69 millones de euros) en desarrollar robots domésticos, pero todavía son poco prácticos y caros. Para cuidar a los abuelos, TMSUK, el mayor fabricante de robots de Japón, ideó hace seis años un humanoide de un metro que costaba la friolera de 70.000 euros. Fracasó por su desorbitado precio y porque la gente quiere humanos para esas labores y no máquinas, a menos que sean herramientas como un brazo mecánico para alimentar a enfermos y ancianos que la firma Setcom ha vendido como rosquillas en hospitales y geriátricos por 3.375 euros.

El Ministerio de Industria nipón calcula que la industria domótica (robótica para el hogar) crecerá hasta los 56.000 millones de euros en 2025, aunque de momento se ha centrado más en productos de entretenimiento que en tareas domésticas. Así lo demuestra la mascota Paro, un robot de peluche con forma de foca capaz de mostrarse activo, dormilón, alegre o enfadado. Inventado por Takanori Shibata con fines terapéuticos y una inversión de 6,3 millones de euros, se han vendido varios miles de ejemplares por casi los 2.000 euros que cuesta. Entre sus compradores destacan manicomios daneses porque Paro ayuda a sus internos a relajarse.

En Fukuoka, al sur del archipiélago nipón, TMSUK también comercializa una niñera robot de 140 centímetros capaz de llamar a los críos por su nombre y mostrar en una pantalla mensajes enviados por sus padres. La gran variedad de robots japoneses incluye recepcionistas con cara de humanos, jugadores de béisbol que lanzan y batean, modelos que desfilan por la pasarela y hasta periodistas capaces de hacer entrevistas, tomar fotografías y escribir crónicas. Pero en Japón, donde robots con forma de perro mueven el rabo y androides de metal bailan break dance, tuvieron que recurrir a los ingenios americanos Packbot, similiares al Número 5 de la película Cortocircuito, para entrar en la siniestrada central nuclear de Fukushima.

Mientras tanto, en Corea del Sur unos robots dotados con cámaras y armados con lanzagranadas vigilan la frontera con el Norte. Gracias a una inversión de 1.580 millones de won (960.000 euros), 29 robots profesores han enseñado inglés en los colegios de Daegu. Uno de ellos era Engkey, con forma de huevo blanco y una pantalla que mostraba el avatar de una mujer caucásica. Sin embargo, quien lo controlaba a distancia era un maestro de inglés en Filipinas, donde los profesores son más baratos que los anglosajones. Y, en China, los camareros del restaurante Dalu de Jinan (provincia de Shandong) son una docena de robots de colores que sirven los platos y amenizan a los comensales cantando y bailando. En Xián, otro robot ayuda a los arqueólogos entrando en tumbas selladas del yacimiento de los guerreros de terracota, donde ya ha encontrado un fresco pintado hace 1.300 años gracias a sus cámaras de rayos infrarrojos para moverse en la oscuridad y sus sensores de temperatura y humedad.

El científico japonés Hiroshi Ishiguro, creador de los Geminoids, robots de apariencia humana que pueden interactuar con la gente, afirma que llegará el día en que las personas se enamorarán de los androides, cuando éstos sean capaces de reproducir las emociones que caracterizan a la raza humana. Ishiguro, de 47 años, se muestra confiado en poder imitar las conductas humanas mediante programas informáticos, aunque reconoce que primero tenemos que estudiar más qué es la conciencia humana. "Una vez que definamos esto, podríamos hacer rápidamente una copia, pero aun no sabemos qué es”, asegura. Por lo pronto, como en Blade Runner, algunos androides han empezado a soñar con ovejas eléctricas.