martes, mayo 31

Nadie nos escucha

Todavía hay ecos, con tufo de resaca, del paso de Paul MacCartney por Lima. La oportunidad comercial ha hecho que las radios se las ingenien para estirar hasta el paroxismo el revival beatle con programas de homenaje, segmentos de fin de semana, revisiones históricas y emisiones de antología. Sin embargo, lejos de ser un regocijo, no es más que la triste confirmación de que se trata solo de algo pedestre: un tipo consiguió auspiciadores y no hizo más esfuerzo que tomar un recopilatorio de éxitos y lanzarlos al aire. Es inevitable hallar siempre las mismas canciones, las canónicas, las fundamentales, las clásicas, las manidas. Y está demás decir que para un repertorio de más de trescientas canciones, escuchar en todos los programas exactamente los mismos tracks resulta desalentador.

Por ello, y con total ánimo reivindicativo, propongo algunas piezas que nadie pone y pocos escuchan, una serie alternativa de otras joyitas que merecen mejor ponderación y que si se animan a sentarse con los audífonos, cerrar los ojos y dejarse llevar, puede proporcionarles más de una gratificación espiritual.


Cry for a shadow

La única pieza Harrison-Lennon que se conoce, al menos de manera oficial. Es la primera pieza instrumental de The Beatles, la otra es Flying. Se grabó en Hamburgo en 1961 y se construyó como una parodia del estilo musical de The Shadows, por entonces la mejor banda británica de rock & roll instrumental. Cry for a Shadow tiene méritos propios, adelanta muchas claves de lo que luego serán las melodías beatle y nos ofrece un George temprano pero seguro en la guitarra.




I'll be on my way

Aunque The Beatles la grabó en 1963 para un programa especial de la BBC, la pieza fue difundida y rankeada por Billy J. Kramer and The Dakotas. Está considerada como la primera canción que regalaron Lennon y McCartney, de hecho los Dakotas editaron un sencillo con esta canción como Lado A y en el B incluyeron Do you want to know a secret?, otra pieza del dúo que luego sería interpretada por George para el Please Please Me... ¿Qué se puede decir? Una buena canción de Paul en inmejorable interpretación de los socios.





You can't do that

Esta es una típica canción Lennon, la voz rasposa y la actitud de muchacho que se las trae. La remasterización le ha hecho mucho bien. Como dato, es una de las pocas canciones en las que John ejecutó el solo de guitarra.





If you've got trouble

Otra de la primera época que provoca menear la cabeza, sobre todo al inicio, cuando la intro de batería precede a la voz de Ringo que ofrece una de sus mejores interpretaciones. Iba a aparecer en el álbum Help! pero fue descartada. Tuvo que aparecer el Anthology 2 (1996) para escucharla entera y sin el deficiente sonido de las versiones pirata.




You're gonna loose that girl

Esta es una de esas canciones que llamamos 'bisagra', está a caballo entre la primera época y el ánimo de la segunda. La usual estructura de guitarra-bajo-batería se enriquece con un piano... y ¡unos bongos! Sonido beatle en estado puro.



Rain

Rain es una joyita que solo aprecian los iniciados. Si la anterior es un ejemplo de canción bisagra, esta es una de las primeras sólidas y constituídas de la segunda época. Se publicó como Lado B del sencillo Paperback Writer en 1966, pero se grabó durante las sesiones para el álbum Revolver. Tiene muchos elementos del segundo sonido beatle: atmósfera densa y experimentación en estudio (están incluídas las voces al revés sobre el final de la canción). Además, es una de las demostraciones más evidentes de que Ringo no fue un tipo con suerte que se topó con The Beatles: sobre el final, su batería secunda el bajo de Paul de tal forma que se hacen uno solo.



For no one

Una de esas hermosas melodías McCartney. Es la historia de una ruptura que se hace especialmente elocuente cuando ocurre el final y nos quedamos con la sensación de pieza inconclusa, como la relación que describe. Paul toca el clavicornio barroco de George Martin y la pieza incluye el solo de un corno francés. Un canción exquisita.



Happiness is a warm gun

Aparentemente sencilla y divertida, es una pieza compleja de cinco secciones que Lennon denominó "una clase resumida de historia del rock". Es acústica, eléctrica, pesada, psicodélica (en la distorsión de algunos instrumentos como el bajo) y termina con una onda años cincuenta en los coros. Cambia de ritmo constantemente, lo cual supone otro mérito para Ringo. ¿El resultado? una canción "etérea", a falta de una palabra que resuma viaje, ensueño, vértigo en un solo golpe de voz. Debe ser, además, uno de los mejores títulos. Lennon lo tomó de un anuncio de revista.




Hey Bulldog!

Una de mis favoritas. Y de las últimas en las que puede notarse a los cuatro pasándolo bien en un estudio... Surgió como un divertimento tras la grabación de Lady Madonna, mientras un equipo los filmaba para usar el metraje como material promocional. El bajo de Paul es sencillamente de otro mundo, por este tipo de cosas es que hay que considerar a MacCartney el reinventor de ese instrumento. La improvisación con ladridos quedó tan bien que los llevó a cambiar el nombre de la canción a Hey Bulldog! El video es de los mejores.



I me mine

Finalmente, una del álbum que nunca quisieron y que cada vez se valora más. I me mine es una pieza de George concebida originalmente en clave de vals, pausada como los bocetos de While my guitar gently weeps, pero que pronto cobró cuerpo con una instrumentación pesada. El órgano hammond le otorga a la pieza cierta aura religiosa, quizá en juego con el título, que es una referencia a los problemas de ego en el contexto hindú. Esta canción es célebre, además, porque fue la última sesión de trabajo del grupo antes de su disolución. Lennon estuvo ausente. En los noventa, cuando volvieron a reunirse para el proyecto Anthology, George, Paul y Ringo serían también los únicos tres beatles en el estudio.


jueves, mayo 26

Conversaciones con Javier

Los ánimos de esta segunda vuelta empiezan a caldearse de manera poco conveniente. Hemos pasado de sostener legítimamente un derecho, una posición, una idea, a tratar de imponerla hiriendo a los de uno y otro bando. Alguien dirá que es el clima propio de todo evento pasional, pero a mi no me gusta el tufillo de todo esto.

Tenemos derecho a votar, punto. No hay voto correcto o incorrecto, no hay voto digno o indigno. El voto no se explica ni se justifica. Estas son las opciones que tenemos, punto. Los que descalifican el voto de los otros, no saben de qué carajo va este juego. Lo que me enoja es la falta de tolerancia, cada peruano es un mundo distinto, incluso los eventos comunes los hemos vivido desde distintas perspectivas, de modo que es imposible hallar una sola verdad. Me enoja esa maldita manía de juzgar y condenar al otro, probablemente para tener alguien a quién echarle la culpa. A mi amigo Javier le jode, además, que recién ahora nos pongamos intolerantes, cuando todos los días toleramos abusos, maltratos, etcétera. Javier dice que la democracia está de moda cada cinco años y yo creo que no le falta razón. Y si hay que seguir tirando del hilo, jode también que seamos intolerantes con las cosas con las que es fácil ser intolerante: porque es bien valiente y cómodo mandar a la porra al otro, eso no implica ningún compromiso.

No me interesa entrar en el terreno de los que juzgan el voto de los demás. Sé de gente que perdió hijos durante el terrorismo de Sendero Luminoso y va a agradecer de por vida que Fujimori los librara de eso (aunque Fujimori estuviera perdido en cuanto a la lucha de la DIRCOTE), y sé también de padres de desaparecidos en Cantuta que jamás votarán por algo relacionado a él. La pregunta es: ¿cuál de los dos tiene la moral correcta? ¿el que vota en contra de Keiko Fujimori o el que vota a favor? Lo mismo del otro lado: la muerte de los policías en Andahuaylas, ¿no es acaso igual de execrable? ¿Y Madre Mía? En ambos casos, hemos declarados culpables a Ollanta Humala y Keiko Fujimori más allá del sistema.

Creo que nos estamos equivocando en las formas, somos reduccionistas a la hora de hacer y lanzar consignas, creo que seguimos confundiendo alzar la voz con imponernos a garrotazos. Insisto, los eventos colectivos se viven de manera individual y eso deja una marca particular, una huella emotiva íntima y única: ¿quién juzga eso de correcto o incorrecto? ¿quién tiene el derecho de validar o no los temores y las expectativas de los demás? No estoy abogando por el silencio o la inamovilidad, que cada quien diga lo que considera importante, pero algo anda mal cuando todo eso que reclamamos a los medios (el cargamontón contra uno de los candidatos) lo reproducimos en las redes sociales y en la calle contra los electores que habiendo vivido lo que vivieron, y de la manera como lo vivieron, han decidido votar por cierto candidato. Que circulen de un lado a otro adjetivos que tachen de "indignos" o "resentidos sociales" a los simpatizantes, me parece un espectáculo penoso. El Perú es complejo y su gente con mayor razón. Pretender que esto se resuelva en clave de negros y blancos es absurdo ¡somos una complejísima escala de grises!

Hay heridas esenciales en cada uno de los integrantes de esta nación y hay dos bandos electorales igualmente pasivos de sospecha, duda y temor frente a esas heridas. Particularmente no encuentro diferencia entre ambas alternativas, no veo mayor realeza o dignidad en alguno, ambas son dos tristezas inmensas... Y por si fuera poco, estamos cargándola entre nosotros para tener algo que nos sirva como chivo expiatorio.

Mi amigo Javier señala, con acierto, que esta situación es sólo una excusa que enmascara la verdadera guerra de diferencias: la guerra por el modelo económico. Un modelo que ha generado muchos conflictos entre peruanos que no solo se sacan los ojos en Facebook, sino que se matan en conflictos que cada vez escalan más alto. Un modelo que promueve, además, la consolidación de una mirada de lo que somos los peruanos en base al mercado. A Javier le parece peligroso que no entendamos esto porque esa ceguera nos impide ver el pasado para no repetir nuestros errores, porque no somos una sociedad que aprenda y esa es otra gran pena (¿alguien dijo CVR?).

Creo que Javier tiene mucha razón, pero cuando Javier dice que a veces hay que sacarse un poco la mierda, decirse las cosas a la cara y ofenderse, porque es inevitable y porque a veces dejar que las cosas se vayan un poco al carajo sirve para sincerar nuestras miradas del mundo. Cuando mi amigo dice que de esta manera sabremos si somos lo suficientemente maduros como sociedad para que eso no nos impida seguir juntos, yo pienso que se equivoca, porque está poniendo en práctica precisamente la inmadurez. No lo digo por él exactamente, que es una persona inteligente y que sabe canalizar la pasión, lo digo por tantos otros que ya no sé si está bien que sean mis amigos.

Yo amo la agudeza de Javier, su lectura de las cosas, su punto de vista, si hay que irse a la guerra me cuelo en su trinchera, pero eso de sacarnos todos un poco la mierda no sé si sea lo más sano para el día después de mañana, cuando todos tengamos que estar otra vez del mismo lado, porque sea cuál sea el resultado creo que vamos a tener que unirnos otra vez, porque sea cual sea el resultado tenemos las mismas posibilidades de estar jodidos.
No sé si pelear con mi hermano (y, ojo, una cosa son los golpes físicos y otros los golpes de moral, de orgullo, de autoestima, los golpes del alma, como diría Vallejo) me va a convertir en más hermano; y no sé si va a lograr que la lección cale hondo. Desde mi modesto punto de vista, creo que estamos jugando a encender la pradera y polarizar aún más la cuestión.

Pienso que la lección que Javier reclama la estamos recibiendo todos, incluso los que votan por uno y otro candidato; esto ya es bastante doloroso y triste como para agarranos entre nosotros. En todo caso, mientras mi amigo Javier y yo podamos seguir discutiendo estas cosas, nada estará perdido.

sábado, mayo 14

Reliquias y despojos

Hace unos días, los diarios informaron acerca del misterioso hallazgo del cuerpo momificado de la conejita de Playboy Yvette Vickers en su casa de Canyon, California. Las circunstancias de su preservación no han sido esclarecidas, las primeras pruebas apuntan a pensar que las condiciones que ofrecía su casa de piedra y madera pudieron hacer el trabajo, de hecho nadie (o casi nadie) sabía de su muerte hasta que una vecina dio con el cuerpo; pero otros sospechan de algún amante o fetichista consumado que quiso guardarla para siempre entre los vivos. Esta no es la primera ni será la última historia vinculada a un cuerpo fallecido, las reliquias humanas cuentan con un largo inventario de casos, cada cual con su propia cuota de misterio y truculencia.

Cuenta la leyenda que el día que murió Mary Shelley la pena se convirtió en espanto cuando hallaron el corazón de su marido envuelto en un papel que tenía copiado un poema de John Keats. Todo parece indicar que al consumarse la cremación de Percy Shelley, el músculo cardiaco permaneció intacto y Lord Byron y sus amigos leyeron aquello como una muestra del infinito amor que el hombre profesaba a su mujer, de modo que Mary guardó la pieza por casi treinta años. Sin duda, se trata de una imagen poderosa en el marco de ese romanticismo oscuro que practicaron, pero un examen más frío revelaría años después que el "milagro" había sido obra de un doloroso proceso de calcificación que a la larga hubiera terminado con la vida de Percy, sino hubiera tenido la mala fortuna de morir ahogado antes.

El predio de los poetas y escritores es rico en este tipo de historias. Las cenizas de Dante fueron halladas por casualdiad hace unos años en la estantería de la Biblioteca Nacional de Florencia, específicamente en el área de manuscritos extraños. Aquél que caminara con Virgilio por el infierno había muerto en Ravena en 1321 y seiscientos años después de su nacimiento, en 1865, algunos científicos abrieron su tumba y donaron una pequeña cantidad de sus cenizas a la biblioteca de Florencia, que se encontraba en la galería Uffizi. Esta reliquia fue exhibida durante un congreso internacional en 1929, pero desapareció poco después, posiblemente cuando la biblioteca se trasladó a su lugar actual, en 1935. Gracias a esto Dante todavía existe de alguna manera, como don Pedro Calderón de la Barca, cuyo metacarpo de la mano derecha se conserva expuesto en una vitrina del Centro de Documentación Teatral de Barcelona.

En el año 2003, un grupo de científicos de la Universidad de Tucson intentó reconstruir la forma del rostro de Petrarca partiendo de la estructura del craneo que habían extraído de su tumba, pero grande fue su sorpresa al obtener el rostro de una mujer que vivió un siglo después que el famoso poeta. Alguien había hurgado en los restos de Petrarca antes que los científicos de Tucson. Quien también llegó tarde fue la esposa del poeta William Yeats: cuando fue a reclamar el cadáver, debió tomar al azar algunos restos del enorme osario común al que había sido arrojado, pues era imposible identificar qué era de quién. Sin embargo, esto no fue óbice para que igualmente fuera recibido en Irlanda con todos los honores y enterrado en el lugar que él mismo había fijado en un poema.

Las primeras y más preciadas reliquias tienen que ver con los santos y mártires de la Iglesia Católica. En un sentido estricto, una reliquia está constituída por el cuerpo entero o cada una de las partes en que se haya dividido éste, aunque sean muy pequeñas, de una persona ilustre o no. Pero la Iglesia designó del mismo modo también a los ropajes y objetos que pudieran haber pertenecido o haber estado en contacto con el santo en cuestión, desde retazos de sus túnicas hasta las cadenas con que fuera atormentado. De hecho, la ley canónica exige que todos los altares contengan alguna reliquia, la cual se recibe del almacén de reliquias del Vaticano.



En esta línea, el caso más sobrecogedor es el de los "incorruptibles", cuerpos santos que sin haber sido sometidos a ningún tipo de proceso químico, permanecen apenas alterados por la muerte y el paso del tiempo. Tal es el caso, entre muchos otros, de Santa Bernadette Soubirous, la visionaria de Lourdes. Su tumba fue exhumada treinta años después de sus exequias y se le halló incorrupta, tal cual se le puede visitar hoy en Nevers, Francia. Entre los líderes políticos más conocidos encontramos a Ho Chi Minh y a Vladimir Lenin, que permanecen embalsamados y son momias ilustres que los turistas pueden fotografiar en la plaza Ba Dinh de Hanoi y en la Plaza Roja de Moscú, respectivamente.


El fraccionamiento de santos y mártires no ocurrió solo a mano de los infieles, el caso más ilustrativo es la cabeza de San Juan el Bautista. También los cristianos obraron estas prácticas a la muerte de algún ilustre. En Padua, además de la tumba, puede hallarse expuesta la lengua del San Antonio, en memoria de su grandiosa facilidad de palabra y convencimiento. A Santa Catalina, patrona de Italia y doctora de la Iglesia, se la disputaron buen tiempo Roma y Siena, dos poderosas ciudades de 1300. Al final, el cuerpo de la santa acabó en Roma, la cabeza en Siena y, no sé bajo qué artilugio, un pie se conserva actualmente en Venecia.

Dicen que en el santuario de Hazratbal, en Cachemira, se conserva un pelo de la supuesta barba del profeta Mahoma. El venerable filamento piloso fue sustraído por un fanático en 1963, pero meses después fue repuesto por el propio perpetrador, quien juró arrepentimiento y clamó perdón.

Y ya que hemos mencionado a Rusia líneas arriba, hay que mencionar a Rasputin, el llamado Monje Loco, fanático del dolor y las orgías como modos imprescindibles para llegar a la fe aludiendo que “Se deben cometer los pecados más atroces, porque Dios sentirá un mayor agrado al perdonar a los grandes pecadores”. A los 47 años, Rasputin fue envenenado y baleado, envuelto en una alfombra y tirado a un río. Sin embargo, la autopsia descubrió que había muerto ahogado y que le faltaba el pene. Tendría que llegar 1967 para que re apareciera, perfectamente conservado por un anticuario de París. El Museo Erótico de San Petersburgo lo adquirió por 8000 dólares y es el orgullo de la institución, que de tanto en tanto monta polémica para provocar a su par en Estados Unidos, que guarda el pene de Napoleón. Al parecer, Rasputin era un aventajado de treinta centímetros y Napoleón fue simplemente un grande de la historia universal.

Alejandro Magno siguió siendo "magno" 538 años después de su muerte gracias a un embalsamamiento en mieles que lo preservó, dorado y reluciente, para los ojos de muchas generaciones posteriores, entre ellos un fiero competidor con pretensiones llamado Julio César.  Y hace poco, justo cuando se cumplían 400 años de su muerte, el rey Enrique IV de Francia, cuyo cráneo desapareció durante los tumultos de la Revolución, ha recuperado la cabeza. La perdió en el año 1793, después de que el pueblo levantado en armas profanara su tumba y su cuerpo momificado fuera exhibido ante la muchedumbre. Un sans-culotte lo decapitó y la cabeza del fundador de la dinastía de los Borbones rodó de mano en mano hasta que un equipo de científicos confirmó que la calavera que reposaba en el armario de un coleccionista jubilado correspondía al monarca que los franceses apodaron Vert Galant, debido a su insaciable apetito por las mujeres



Las reliquias nos rodean con su fascinación turbadora. Sabemos bastante de la vida y cómo tratar de preservarla, pero de la muerte, ese tópico ignoto, y de lo que ocurrirá con nosotros cuando nos llegue la hora, tenemos muy pocos datos, apenas los despojos y balbuceos de algún moribundo. Las reliquias son, en cierta medida, el último bastión de la memoria.

martes, mayo 3

El cuerpo de Bin Laden y las manos del Che

La muerte de Bin Laden ha abierto un nuevo capítulo en la fascinante historia de las reliquias humanas. Tras espulgar los detalles de la operación, ahora el respetable reclama la pública exhibición del cuerpo, el cuerpo físico o fotografiado, pero la evidencia de un cuerpo que cierre el círculo de la muerte. Si las informaciones son correctas, tal vez sólo los eficientes comandos de la SEAL sepan las coordenadas exactas donde el cuerpo fue arrojado al mar, para evitar que su tumba se convierta en lugar de peregrinación, pero es casi seguro que tarde o temprano habrá de circular algún vestigio que confirme el deceso. Ocurrió con Saddam Hussein: ver su ahorcamiento en video supuso para muchos la certeza y tranquilidad de que no iba a causar más problemas.

El cuerpo, o cualquier parte de él, constituye la mayor de las reliquias. Tenemos una larguísima tradición de rituales, embalsamamientos, momias, panteones, cabezas perdidas, huesos traspapelados, cenizas esparcidas y un largo etcétera que da cuenta de esta convicción. Cada caso es distinto y particular, pero existen personajes cuyos méritos y/o deméritos en vida, cotizan con mayor curiosidad sus reliquias. Las causas que persiguieron o las circunstancias en las que murieron son capaces de avivar historias y generar prácticas que darían para una larga e interesantísima exploración sobre las ponderaciones que tenemos acerca de la muerte, y el caso de Bin Laden no es distinto. Aún cuando el Departamento de Estado norteamericano ha explicado que hizo una prueba de ADN al cadáver de Osama Bin Laden para confirmar que s etrataba de él, nada parece dejar satisfecha a la platea.

Todo este intríngulis recuerda la muerte del Che Guevara en octubre 1967. Los hechos que rodearon la decisión de hacer desaparecer el cadáver y amputarle las manos fueron ocultados como secreto militar por los protagonistas de su asesinato en aquella escuelita de La Higuera, en la selva de Bolivia. La muerte fue ordenada por el dictador de ese país, René Barrientos, quien previamente había consultado con el entonces presidente Lyndon B. Johnson si convenía dejar vivo o no a ese enemigo de la guerra fría. Pero, además de la muerte, probar la muerte se hacía indispensable. El mismo día de su fallecimiento se tomaron las huellas dactilares del Che y se ordenó trasladar a La Higuera a un grupo de peritos dactiloscópicos de la Policía Federal Argentina para cotejarlas con las que figuraban en los registros de identidad. Sin embargo, la comprobación positiva de las huellas resultaba insuficiente para la propaganda contracomunista: Fidel Castro jamás aceptaría la muerte de su colaborador ante la fría comprobación de un papel de oficina acompañado de otros informes forenses. De modo que Barrientos y la CIA (según consta en documentos desclasificados del Departamento de Estado de los Estados Unidos) decidieron hacer desaparecer el cuerpo del Che para no convertirlo en mártir, pero tomando antes algo de él que sirviera como evidencia.

Según se ha sabido, Barrientos habría propuesto cortarle la cabeza al Che y enviarla a La Habana, pero la CIA convino en que fueran las manos amputadas y los diarios personales secuestrados la prueba final. La travesía que siguieron las manos del Che las han convertido en objeto de culto y curiosidad histórica. Se trata de una odisea propia de la guerra fría, sacada de una novela de espías, y con altas dosis de Alfred Hitchcock. El periodista húngaro Gyula Ortutay, que ha tenido acceso a informaciones reservadas, ha logrado reconstruir la
ruta de esas famosas manos. "El paquete viajó con un miembro del Partido Comunista Boliviano, un tal Juan Coronel, de La Paz a Santiago de Chile, de ahí a Montevideo -donde las manos pasaron la noche en la caja fuerte de la embajada húngara-, Buenos Aires, París y Budapest, siempre bajo la custodia de dos correos con inmunidad diplomática", explica. Finalmente, el preciado cargamento siguió camino a Moscú y de ahí a Cuba.

La razón de esta larguísima ruta habría obedecido a la necesidad de la inteligencia soviética de comprobar que no se trataba de un montaje propagandístico por parte de sus pares capitalistas. El encargo llegó a Cuba el 6 de enero de 1970 y fue recibido por el propio Fidel. Desde entonces las manos del Che están guardadas en un lugar secreto y se han convertido en una de las reliquias más valiosas de la historia contempranea.

Veremos en qué acaba la historia del cuerpo de Osama Bin Laden. Desde cualquier punto de vista, estamos ante un episodio más de profunda humanidad, porque sólo nosotros podemos ser capaces de compendiar en un sólo evento tantos temores juntos que evidencian nuestra precaria condición social y vital.