jueves, diciembre 1

Hemingway. Cincuenta años después


Hace 50 años Hemingway bajó al sótano de su casa, tomó una Boss de dos almas y una caja de balas. Volvió al salón, cargó la escopeta, apoyó la culata en el suelo y la frente en los cañones. Tenía 61 años, le faltaban doce días para cumplir 62, ocurrió un 2 de julio. No fue con un arma de cazar tigres, como hubiera exigido una mitología de su talla, sino más bien con una de matar palomas. Las crónicas alabaron su maestría de cuentista supremo, pero poca bola le dieron a sus dos novelas. Alguien más escribió que con el tiempo Hemingway, como escritor menor, se comería a muchos escritores grandes. Hoy es común hallarlo en el altar mayor, sin embargo, cuando se trata de deshilvar argumentos, la biografía se impone sobre la bibliografía. Hemingway murió, pero se transformó en el más grande de todos sus personajes. Hay que leer a Hemingway para entender por qué.