Ennio Morricone europeizó la banda sonora que Hollywood había consagrado, hizo que fueran mucho más que acompañamientos dramáticos o marcos para la fotografía decantada de los actores, Morricone les dio carta propia de ciudadanía. Sin sus aportes, es difícil imaginar a las bandas y compositores norteamericanos que surgieron en los años setenta: desde el John Williams que musicalizó Tiburón hasta el Hans Zimmer de Piratas del Caribe, la impronta del italiano es evidente.
Morricone empezó trabajando para radio y televisión. Tras algunas producciones menores, en el 64 crea, además de su primer score internacional en La Biblia de John Huston, la popular música del western de Sergio Leone Por un puñado de dólares. Aquí ya quedan claras las constantes que lo harán célebre. Juguetón y atrevido, este primer Morricone hace un uso divertido y sorprendente de silbidos, gritos e incluso guitarras eléctricas y se hizo reconocido con aquel estribillo memorable de El Bueno, el malo y el feo. Si el tema de Rota para El Padrino es el arquetipo musical de la mafia, el "silbido tarareable" de Morricone es la marca del western.
A partir de entonces, Morricone demostró su versatilidad y se convirtió en el músico más recurrido de toda Europa, tanto por directores italianos (Passolini, los Taviani o Pontecorvo) como del resto, especialmente de Francia, para los que compuso excelentes piezas como el tema italiano de El clan de los sicilianos o el bellísimo Le jeux de l´amour de La banquera. Morricone tiene la gran virtud de pasar del pop más fresco a un clasicismo solemne y desgarrador sin ningún complejo. De esa época su mejor obra es la magnífica y regia partitura (entre un desfile de soldados y una cosecha desastrosa) de la excesiva Novecento de Bertolucci.
Este prestigio en Europa lo hace aterrizar en Estados Unidos y pasa de algunas producciones lamentables (Orca, la ballena asesina) a sus primeras partituras importantes (el preciosista y fresco Días de cielo o el pulso firme de la estupenda La Cosa de John Carpenter). Hermosa, melancólica y algo nostálgica, con Érase una vez América de Sergio Leone, Morricone crea la primera de una serie de obras maestras que lo encumbrarán en la segunda mitad de los ochenta. La misión es, sin duda, una de las más gloriosas músicas que jamás se han escrito para el cine. Con una inteligencia y una intuición sorprendentes, Morricone une los sonidos tradicionales de las tribus guaraníes con los cantos sacros europeos en un ejercicio tan arriesgado como deslumbrante y sobrecogedor. Ese año se le escapa el Oscar y también al año siguiente cuando, apoyándose en el mismo estilo de Érase una vez América, puso música a la brillante Los intocables, de De Palma.
Después de estos logros, Morricone vuelve a Italia para componer la música para Cinema Paradiso, quizá su obra más bella. Las melodías de Morricone para esta película son de las más tristes que se han escrito y un estupendo ejemplo de contención y sensibilidad. Ese año también se le escapa el Oscar, ni siquiera estuvo nominado. Quizá Hollywood se dio cuenta de la injusticia y por esa razón le otorgó el Oscar Honorario en 2007, donde hizo grandes esfuerzos para no quebrarse como nosotros con su música en Cinema Paradiso.
En la primera mitad del siglo, Morricone ha sido homenajeado y reivindicado por una horda de músicos, especialmente británicos (Portishead, Pulp, Thom Yorke y Jonny Greenwoold de Radiohead o Bernard Butler de Suede) Su último score memorable ha sido el de Bulworth, de 1998, una descarnada farsa sobre la política de Warren Beatty, pero es seguro que no ha compuesto todavía su "canto de cisne". Estas son alguna piezas ineludibles.
El bueno, el malo y el feo (Leone)
Novecento, (Bertolucci)
Érase una vez en América (Leone)
Cinema Paradiso (Tornatore)
La misión (Joffé)
Morricone empezó trabajando para radio y televisión. Tras algunas producciones menores, en el 64 crea, además de su primer score internacional en La Biblia de John Huston, la popular música del western de Sergio Leone Por un puñado de dólares. Aquí ya quedan claras las constantes que lo harán célebre. Juguetón y atrevido, este primer Morricone hace un uso divertido y sorprendente de silbidos, gritos e incluso guitarras eléctricas y se hizo reconocido con aquel estribillo memorable de El Bueno, el malo y el feo. Si el tema de Rota para El Padrino es el arquetipo musical de la mafia, el "silbido tarareable" de Morricone es la marca del western.
A partir de entonces, Morricone demostró su versatilidad y se convirtió en el músico más recurrido de toda Europa, tanto por directores italianos (Passolini, los Taviani o Pontecorvo) como del resto, especialmente de Francia, para los que compuso excelentes piezas como el tema italiano de El clan de los sicilianos o el bellísimo Le jeux de l´amour de La banquera. Morricone tiene la gran virtud de pasar del pop más fresco a un clasicismo solemne y desgarrador sin ningún complejo. De esa época su mejor obra es la magnífica y regia partitura (entre un desfile de soldados y una cosecha desastrosa) de la excesiva Novecento de Bertolucci.
Este prestigio en Europa lo hace aterrizar en Estados Unidos y pasa de algunas producciones lamentables (Orca, la ballena asesina) a sus primeras partituras importantes (el preciosista y fresco Días de cielo o el pulso firme de la estupenda La Cosa de John Carpenter). Hermosa, melancólica y algo nostálgica, con Érase una vez América de Sergio Leone, Morricone crea la primera de una serie de obras maestras que lo encumbrarán en la segunda mitad de los ochenta. La misión es, sin duda, una de las más gloriosas músicas que jamás se han escrito para el cine. Con una inteligencia y una intuición sorprendentes, Morricone une los sonidos tradicionales de las tribus guaraníes con los cantos sacros europeos en un ejercicio tan arriesgado como deslumbrante y sobrecogedor. Ese año se le escapa el Oscar y también al año siguiente cuando, apoyándose en el mismo estilo de Érase una vez América, puso música a la brillante Los intocables, de De Palma.
Después de estos logros, Morricone vuelve a Italia para componer la música para Cinema Paradiso, quizá su obra más bella. Las melodías de Morricone para esta película son de las más tristes que se han escrito y un estupendo ejemplo de contención y sensibilidad. Ese año también se le escapa el Oscar, ni siquiera estuvo nominado. Quizá Hollywood se dio cuenta de la injusticia y por esa razón le otorgó el Oscar Honorario en 2007, donde hizo grandes esfuerzos para no quebrarse como nosotros con su música en Cinema Paradiso.
En la primera mitad del siglo, Morricone ha sido homenajeado y reivindicado por una horda de músicos, especialmente británicos (Portishead, Pulp, Thom Yorke y Jonny Greenwoold de Radiohead o Bernard Butler de Suede) Su último score memorable ha sido el de Bulworth, de 1998, una descarnada farsa sobre la política de Warren Beatty, pero es seguro que no ha compuesto todavía su "canto de cisne". Estas son alguna piezas ineludibles.
El bueno, el malo y el feo (Leone)
Novecento, (Bertolucci)
Érase una vez en América (Leone)
Cinema Paradiso (Tornatore)
La misión (Joffé)
1 apuntes:
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