viernes, septiembre 30

La vida, Einstein, los neutrinos y yo

Próximo a cumplir un año más de vida, el pelo sigue abandonándome lenta pero tenazmente, el médico aconseja un poco más de movimiento para combatir el cómodo sedentarismo al que estoy acostumbrado y he renovado el propósito de continuar con la sana militancia gástrica que tan buenos resultados me ha traído. Es curioso, hace algún tiempo, cumplir años hubiera supuesto otro tipo de inventario: llegar a tal sitio, volver de tal otro, alcanzar tal cosa y cambiar tal otra. Que la opinión del médico importe más en este momento sólo confirma que empieza a preocuparme la supervivencia. Creo que fue Pio Levi el que escribió que la longevidad tiene sentido solo en los felices, y de acuerdo con eso debo ser un tipo bastante feliz si me preocupa permanecer mucho tiempo más en esta vida.

¡Ah, la vida! ¿Qué sentido tiene, cuál es su misterio? A cierta edad uno se hace preguntas que antes no se hacía. O, si se las hacía, pateaba la respuesta para más adelante. Evidentemente no tengo una respuesta y no sé si me interese dar con una, a lo mejor es una quiniela fútil, la pregunta ociosa de algún demiurgo, un solipsismo tortuoso, una gimnasia de caballos. Tal vez cada tiempo concibe la respuesta que le calza mejor a sus angustias. No lo sé. De un tiempo a esta parte, he decidido otorgarme licencia para las materias y preguntas fundamentales, pues he llegado a la conclusión de que todas mis verdades se cifran en el mismo nombre de mujer y que mi única pretensión es no cometer los mismos errores dos veces. Creo que tiene más chances de victoria el tipo que deja que la vida lo invada, antes que aquél que quiere entender la vida. Ya vieron, Einstein parecía ser el tipo más lúcido, él sí sabía cómo funcionaban las cosas, hasta que salieron al frente los neutrinos cuando nadie ni mínimamente sospechaba que existían.

El neutrino no solo ha puesto en aprietos la teoría de la relatividad al comprobarse que viaja más rápido que la luz, sino que le ha dejado al mundo otra gran pregunta: ¿cómo sería el mundo sin neutrinos? Teníamos claro cómo sería todo sin electrones, sin protones y sin neutrones, mucha vida y mucho talento se invirtió en concluir que no habría ningún estado de agregación de la materia, porque no podrían formarse moléculas. Hemos podido bombardear un átomo, descubrir los quarks y entenderlos, pero ahora todas esas respuestas parecen vacías, ínútiles, porque existen los neutrinos ¡y son una gran incógnita! De pronto parece que todo fue una ilusión, no hay respuestas ni certezas, porque hay que seguir averiguando acerca del neutrino, y resulta que el condenado es incapaz de interactuar con la materia, se necesitaría un bloque de plomo del grosor de algunos años luz para tener una buena probabilidad de obstaculizarlo, así que en verdad no tenemos ni sabemos nada.

La historia de los neutrinos ha caído a pelo para este cumpleaños. Es probable que no lleguemos nunca a dar con el significado de la vida, tal vez no tenga sentido porfiar tras las certezas, pero lo que sí es seguro es que podemos sacarle el mayor de los provechos a esta vida. El ser del hombre, para Heidegger, es el Dasein (el "ser-ahí", el "ser-en-el-mundo" o "estar-en-el-mundo"), o sea el yo mismo, para el cual está siempre en juego su propio ser. El mundo es el horizonte donde se da la existencia. Y eso es lo que toca, existir sin más argumento que para vivir. Renuncio a la trascendecia y la profundidad... es hora de decidir qué vamos a cenar.