¿Tiene idea de a qué hora llega el encargado?... La señorita niega con la cabeza y vuelve al crucigrama... Esta es la oficina de catastro, ¿verdad? Pregunto todavía incrédulo al comprobar que es bastante entrada la mañana... La señorita afirma con la cabeza... Y dígame, ¿usted no me puede ayudar? Llevo 7 meses en este trámite y finalmente parece que todas las exigencias caprichosas de la Municipalidad se han cumplido en las modificaciones. Sólo necesito un sello... La señorita se encoge de hombros y sigue atenta al crucigrama. Para distraer la espera me apoyo en el mostrador y sin querer acabo comprometido con el quehacer de la muchacha.... Líder espartano en la segunda guerra médica: Temístocles, sugiero y calza... Inteligencia de Israel: Mosad, y acierto... Ciudad de los leones: eso lleva algo más de tiempo, pero jugando con las cruzadas completamos el nombre del tipo irreconocible que sale en la foto y nos da material suficiente para dar con la respuesta correcta: Singapur... Misión cumplida. La señorita sonríe satisfecha. Pregunta si no me importa que mande el crucigrama sólo a su nombre, es para el sorteo. Le digo que no me importa, adelante... Después de completar los datos alza la cabeza y pregunta si estoy apurado... Llevo 7 meses en esto, señorita, créame que una hora más o una hora menos no hace la diferencia... Entonces me quita los papeles de la mano, va a uno de los escritorios, encuentra un sello y lo planta... ¡Listo!... Es muy amable, le digo . ¿Usted es...? consulto dejando la frase colgada para que ella la complete... Rita, encargada de limpieza, mucho gusto y muchas gracias.
Perdone, ¿me da la hora?... Lo siento, no tengo tiempo... Muchas gracias, respondo igual a la poca gracia del tipo que desaparece, raudo. Entonces entro al banco y una cola feroz me recibe. Ni modo. Y no hay ticket de turno ni banca exclusiva que me ampare... Después de veinte minutos llego delante de la caja número 4 en el preciso instante en que el individuo que no había querido darme la hora también se acerca... Perdone, estoy haciendo una gestión muy delicada -me explica- ¿Dejaría que el caballero me cambie estos dólares? No tomará mucho tiempo... El tipo de la caja me mira esperando aprobación... Imposible, le digo, he hecho cola por casi media hora y el médico me ha dicho que tengo dos meses de vida. Créame cuando le digo que yo no tengo tiempo... El tipo y el cajero no saben si echarse a llorar o darme el pésame... Lo siento, se excusa el hombre y el cajero atiende mi gestión con diligencia... Esa tarde me sentí un poco mierda, pero llegué a tiempo para el partido de fútbol.
La Unión, capital de la provincia de Dos de Mayo, Huánuco. Zona muy próxima a la siempre movida Tingo María. Nos recibe el subprefecto: pantalón chorreado, doble nudo marinero en la corbata y modales como los de una hélice fuera de control. Como anfitrión es un lujo, nos pasea por el pueblo, nos sirve la comida típica del lugar y nos cuenta, con una devoción sólo comparable a la de un cruzado, que la zona es famosa por su queso, el mismo que había ganado en 1913 un premio en París, gracias a un hijo de ese pueblo, migrante enamorado de su tierra, que lo había presentado al concurso mundial de ese año... No puede irse sin llevar queso de coca, nos dice, y acto seguido nos arrastra a una calle donde, en ambas aceras, se ofrecen unos portentosos moldes de queso. Curioso por ver de qué manera la hoja milenaria participaba en la elaboración del queso accedo a probar algunas muestras, sin embargo, nada especial se dejaba adivinar en el paladar.. ¿Por qué le dicen queso de coca? pregunto... Entonces el subprefecto baja la voz, mira a los lados, y cubriendo sus labios con una mano susurra: Es el negocio de lavado de un tipo de Tingo María. Aproveche, cualquier clase, cualquier peso, a cinco soles... Ante lo cual, sólo quedó extraer un billete de diez soles y traerse a Lima dos espectaculares moldes que no duraron ni dos días en la refrigeradora de casa. Re buenos. Y con el punto preciso de sal.