viernes, abril 30

Las postrimerías felices

Este tiempo que nos ha tocado vivir, y que algunos llaman postmoderno, resulta de lo más interesante. Parece haber optado por la felicidad como bandera, la felicidad hoy y mañana también, la felicidad y la espectacularidad a toda costa, la ausencia de dolor contra los acentos graves, la perennización del instante feliz, la cotidianidad como un evento irrepetible, la vida, en fin, como una celebración de largo aliento. Incluso en esquinas incómodas como la decadencia y la muerte.

La palabra asilo ha sido descartada del vocabulario para reemplazarse por Casa de Retiro, a fin de poder desplegar un marketing acorde con estos tiempos y jubilar la imagen gastada de estos guetos para la tercera edad. Hoy el retiro se vende como unas vacaciones en crucero. Piscinas, espacios de recreación y deporte, actividades físicas y cognitivas meticulosamente programadas a lo largo del día, del mes y del año, con pausa obligada entre 1 y 4 de la tarde para honrar la siesta. Atención médica las 24 horas, modernos equipos a disposición para cualquier emergencia. Se cuenta con ambulancia propia y grupo electrógeno. Las cocinas deben operar como verderos sistemas industriales, porque están en capacidad de ofrecer a diario dietas cardíacas, vegetarianas, diabéticas, o la que se requiera, es decir, obran la personalización del menú. Los ancianos de los volantes y afiches sonríen como en los viajes familiares all inclusive y el futuro es una primavera prometida.


Un amigo diría que no es más que otra prueba de que el libre mercado nos ha degenerado como sociedad, pero yo pienso que si existen este tipo de ofertas debe ser porque existe gente a la que hace feliz. En el rubro mortícola, las agencias funerarias han extendido el límite de sus servicios y tienden a convertir el duelo familiar en un evento recordable. Después de leer una oferta plagada de eufemismos a fin de sonar prudentes y delicados, uno puede adquirir, por ejemplo, el paquete que incluye el servicio de trasporte en yate hasta alta mar, donde los deudos podrán esparcir las cenizas del finado en breve ceremonia regida por un preste exclusivo. La travesía incluye "refrescos y snacks", además de un mapa con las coordenadas exactas donde ocurrió el duelo. Ah, no olvide preguntar por la acicaladora de cadáveres. La muerte no tiene por qué ser algo exento de gracia, ¿se dan cuenta?

jueves, abril 22

Mi póquer de cine

Puesto a elegir cinco películas que marcaron mis días (así, con ese acento grave y severo), apuro cinco títulos cómplices y de cabecera. Cada quien tiene su propio póquer. Esta es mi personalísima forma de haber sobrevivido.

En la escuela italiana donde me educaron tenían la buena costumbre de pasarnos películas aprovechando el cine teatro Antonio Raimondi. No fue la primera película, pero sí la primera que causó un cataclismo interno: Alemania, año cero (Rossellini, 1948). Algunos meses atrás mis dos padres habían muerto y descubrir que los niños también podían morir, y por voluntad propia, me pareció demasiada honestidad de parte de la vida cuando yo recién cifraba nueve años. No recuerdo haber llorado, pero sí a una maestra que hizo las veces de grúa para levantarme de la butaca. He vuelto a ver esta pieza y aquella secuencia final tiene todavía de experiencia frágil, como si estuviéramos hechos de cristal y alguien probara puntería con nosotros.


Durante ese tiempo en que dejamos de ser muchachitos para convertirnos en adultos, el mundo asoma delante como un caos y es preciso definir una cierta ética, o al menos el primer borrador de la moral que usaremos el resto de nuestras vidas. Creo que le debo mucho al Coronel Frank Slade, que apareció para mostrarme que si bien el mundo está lleno de pendejos, no significa que tengamos que convertirnos en uno de ellos. De él aprendí que la vida hay que tomársela como en el tango: "si uno se equivoca o se enreda, sigue bailando". Y para bailar el tango, nadie como Al Pacino en Perfume de mujer (Michael Brest, 1992).


La vida se aprende en la calle y en las películas de la mafia. Si Coppola y Puzo nos mostraron que el mundo era duro, Érase una vez en América (Leone, 1984) nos enseñó que los duros también pueden llorar. Hay algo que se llama lealtad, que no es más que la forma más sincera de amistad, y para hablar de ello, nada mejor que un gánster enamorado y fiel a los suyos como el perro más viejo. Esta película de Leone es una gran alegoría acerca de las relaciones humanas, donde es fácil encontrar la mejor y la peor versión de uno mismo.

Casablanca (Michael Curtiz, 1942), porque es la película a la que siempre vuelvo. El amor entre Rick e Ilsa es una fantástica metáfora de la vida. Casablanca habla de las decisiones, de aquellas que se instalan en la sutil frontera que hace de nosotros buenas personas o unos miserables: "el mundo es demasiado complejo como para ponerlo en juego por tres personas". Es la película del amor heroico y el mejor barman con quién tomarse un trago cuando ella se ha marchado. Yo también quise ser Humphrey Bogart.

Finalmente, Sorgo rojo (Zhang Yimou, 1987), que me hizo entender que el cine es una experiencia audiovisual y no una exposición. Que el color es un regalo, que el tempo es particular y que la belleza puede capturarse en un plano que dure para siempre.

martes, abril 6

Escenas de la vida cotidiana

¿Tiene idea de a qué hora llega el encargado?... La señorita niega con la cabeza y vuelve al crucigrama... Esta es la oficina de catastro, ¿verdad? Pregunto todavía incrédulo al comprobar que es bastante entrada la mañana... La señorita afirma con la cabeza... Y dígame, ¿usted no me puede ayudar? Llevo 7 meses en este trámite y finalmente parece que todas las exigencias caprichosas de la Municipalidad se han cumplido en las modificaciones. Sólo necesito un sello... La señorita se encoge de hombros y sigue atenta al crucigrama. Para distraer la espera me apoyo en el mostrador y sin querer acabo comprometido con el quehacer de la muchacha.... Líder espartano en la segunda guerra médica: Temístocles, sugiero y calza... Inteligencia de Israel: Mosad, y acierto... Ciudad de los leones: eso lleva algo más de tiempo, pero jugando con las cruzadas completamos el nombre del tipo irreconocible que sale en la foto y nos da material suficiente para dar con la respuesta correcta: Singapur... Misión cumplida. La señorita sonríe satisfecha. Pregunta si no me importa que mande el crucigrama sólo a su nombre, es para el sorteo. Le digo que no me importa, adelante... Después de completar los datos alza la cabeza y pregunta si estoy apurado... Llevo 7 meses en esto, señorita, créame que una hora más o una hora menos no hace la diferencia... Entonces me quita los papeles de la mano, va a uno de los escritorios, encuentra un sello y lo planta... ¡Listo!... Es muy amable, le digo . ¿Usted es...? consulto dejando la frase colgada para que ella la complete... Rita, encargada de limpieza, mucho gusto y muchas gracias.


Perdone, ¿me da la hora?... Lo siento, no tengo tiempo... Muchas gracias, respondo igual a la poca gracia del tipo que desaparece, raudo. Entonces entro al banco y una cola feroz me recibe. Ni modo. Y no hay ticket de turno ni banca exclusiva que me ampare... Después de veinte minutos llego delante de la caja número 4 en el preciso instante en que el individuo que no había querido darme la hora también se acerca... Perdone, estoy haciendo una gestión muy delicada -me explica- ¿Dejaría que el caballero me cambie estos dólares? No tomará mucho tiempo... El tipo de la caja me mira esperando aprobación... Imposible, le digo, he hecho cola por casi media hora y el médico me ha dicho que tengo dos meses de vida. Créame cuando le digo que yo no tengo tiempo... El tipo y el cajero no saben si echarse a llorar o darme el pésame... Lo siento, se excusa el hombre y el cajero atiende mi gestión con diligencia... Esa tarde me sentí un poco mierda, pero llegué a tiempo para el partido de fútbol.

La Unión, capital de la provincia de Dos de Mayo, Huánuco. Zona muy próxima a la siempre movida Tingo María. Nos recibe el subprefecto: pantalón chorreado, doble nudo marinero en la corbata y modales como los de una hélice fuera de control. Como anfitrión es un lujo, nos pasea por el pueblo, nos sirve la comida típica del lugar y nos cuenta, con una devoción sólo comparable a la de un cruzado, que la zona es famosa por su queso, el mismo que había ganado en 1913 un premio en París, gracias a un hijo de ese pueblo, migrante enamorado de su tierra, que lo había presentado al concurso mundial de ese año... No puede irse sin llevar queso de coca, nos dice, y acto seguido nos arrastra a una calle donde, en ambas aceras, se ofrecen unos portentosos moldes de queso. Curioso por ver de qué manera la hoja milenaria participaba en la elaboración del queso accedo a probar algunas muestras, sin embargo, nada especial se dejaba adivinar en el paladar.. ¿Por qué le dicen queso de coca? pregunto... Entonces el subprefecto baja la voz, mira a los lados, y cubriendo sus labios con una mano susurra: Es el negocio de lavado de un tipo de Tingo María. Aproveche, cualquier clase, cualquier peso, a cinco soles... Ante lo cual, sólo quedó extraer un billete de diez soles y traerse a Lima dos espectaculares moldes que no duraron ni dos días en la refrigeradora de casa. Re buenos. Y con el punto preciso de sal.