jueves, febrero 11

Lo que Marx quiso decir

Los años no sólo nos vuelven progresivamente viejos, también nos otorgan un cúmulo de experiencias que eventualmente servirá para que nos califiquen de sabios o estúpidos. Pasan los años y uno descubre que está más gordo y menos atlético, pero más seguro y menos pendiente de los otros, con menos pelo en la cabeza pero con pelo donde antes no crecía pelo, en fin, el caso es que a todos nos llega ese día en que finalmente entendemos cosas que antes no entendíamos y que los mayores proclamaban y abrazaban con fervor. Creo que de pronto he llegado a esa instancia de mi vida. No sé si estoy a tiempo o si llego con retraso, no se si sirve de algo, pero de pronto he descubierto que entiendo a Marx, no a Groucho, sino a Karl.

Me lo habían presentado con acentos graves, barba ilustre, de portentoso vigor para el razonamiento frío y estratégico, un subversivo, un revolucionario social, pero vengo a caer en la cuenta de que en verdad lo suyo era la lucha de sentimientos y no la de clases.

Marx vaticinó la desaparición de la política en la segunda fase de la dictadura del proletariado. Pues bien, eso es lo que hacemos cuando nos enamoramos en la primera fase de la dictadura del "emocionario". Deja de interesarnos automáticamente la divisón de poderes, los fondos reservados y demás parcelas hasta límites utópicos. Empezamos a reírnos de las noticias. El estado en el que caemos es un Estado ideal como jamás ha sido soñado y en el que queda abolida toda diferencia gracias al fenómeno de fusión que provacan las partes en conjunción.

De otro lado, Marx decía que la toma de conciencia por parte de la clase revolucionaria precipitaría la disolución del estado anterior para instaurar un nuevo orden, auténtico ¡y eso ciertamente ocurre con el matrimonio! Al casarse, los individuos descubren la realidad auténtica, enmascarada y oculta hasta entonces por la imposibilidad de aflojar los abrazos y postergar los besos. Es entonces cuando en lugar del hombre o la mujer amados surge de pronto otro ser humano, un semejante. No es peor que el estado anterior, ojo, pero sí distinto.

La crisis cíclica del capital no es otra que la crisis cíclica del amor. Por más empeño que uno le ponga siempre saltaremos de un estado de dicha a la zozobra, y también viceversa. A la pasión le sucederá la hipoteca, luego vendrá la alegría de los hijos y después los planes de ahorro para costearles la educación; tras las satisfacciones que reportará verlos realizados e independientes llegará el disgusto de la pensión y las injurias de la edad y las flaquezas de la carne.

Creo, sinceramente, que esto es lo que Marx quiso decir todo el tiempo. Su teoría fue sencilla y humana, demasiado humana. Y nosotros, como él, somos unos verdaderos revolucionarios.

viernes, febrero 5

Nemesio


Don Nemesio Sánchez Lechuga es uno de esos entrañables viejitos de provincia con el que cualquiera tropezaría en un viaje de ocasión, sentado en el umbral de su casa y pensando aparentemente en nada. Pero Don Nemesio es una personalidad en San Antonio de Apotoc. Carga con el récord de haber sido alcalde 25 años sin interrupción y esta trayectoria lo ha convertido en un récord nacional. Su primera elección fue allá por el 66, cuando representando a la alianza Acción Popular-Democracia Cristiana se alzó con la victoria para no dejarla.

Durante el gobierno militar fue designado en el cargo por un coronel de turno y de regreso a la democracia, siempre por Acción Popular, siguió al frente de la comuna hasta 1993, cuando le ganó las elecciones un advenedizo que se proclamaba “independiente”. Se enorgullece de haber recibido a Belaúnde en su casa, de haber viajado a Miami y de tener la mejor cabeza para el aguardiente. Hasta ahora, aun retirado de la faena edil, recurren a él para pedirle consejo los del concejo. Es padrino de 23 promociones de colegio, ha casado al 50% de las parejas del pueblo, la televisión ha ido dos veces a hacerle reportajes y el mismísimo Fujimori le pidió encabezar la lista provincial de Vamos Vecino para las elecciones del 98, oferta que rechazó.

Don Nemesio es una institución en San Antonio de Apotoc y a mí se me ocurrió preguntar cuál fue el secreto de su éxito en las ánforas. Entonces ensayó un aire risueño y respondió sin dejar de chacchar coca: “Yo era el profesor de matemáticas en el colegio del pueblo. Todititos aprobaban conmigo...”