
Desde hace días me rebusco por dentro algún material para escribir y no lo encuentro. Me siento seco de ideas, de fobias, de curiosidades pero, al mismo tiempo, empapado de cierta lluvia emocionante. Porque esta es una buena temporada.
Escribir es exorcisarse un poquito y cuando uno está en paz con los fantasmas, sobreviene la página en blanco. Cuando eso ocurre, las preguntas de antes se diluyen, esas en las que uno se plantea qué hago aquí, ahí o allí, si merece la pena seguir adelante, en fin, preguntas retóricas todas, sobre todo la última, porque seguir adelante es como el plan de cada día, ¿no? Entonces me gustaría ser poeta para ponerle cuatro versos a esta medida de lo imposible y describirlo en dos frases, escribir cosas como "Puedes contarme cualquier cosa / creer no es importante / lo que importa es que el aire mueva tus / labios". Dicho así, cualquier conversación adquiere sentido. O no. Solo la tuya.
Mientras subo en el ascensor con un desconocido, ruego que no me dirija la palabra. Qué lata. Le doy vueltas a lo que viene. Abrir la puerta. Hacer cosas pendientes. Comer. No me habré perdido de nada si ese extraño se calla, o si yo callo hasta que el ascensor para en mi piso o en el suyo. Habrá sido un viaje corto, sin importancia. Llego a casa y me desarmo. Afuera todo, medio calato y con los pies descalzos. Desde sus cajas , todos los libros me saludan . Parecen expectantes, con ganas. Se me ocurre engreírlos, voy abriéndolos uno a uno; los tiendo en el piso. Son como brazos abiertos. Nunca los había visto de ese modo, todos gritando a la vez. Se hablan entre ellos, se contradicen, se disputan la verdad. Agitan sus hojas, aletean. Mezclados, afinan y desafinan. Como yo hago en el trabajo, en el amor, en la escritura. Quizá ese desconocido del ascensor era también poeta. A lo mejor sus versos están contándome ahora mismo, desde alguna página abierta, que "la vida es una broma pesada. / Y sin embargo, el aire existe".
Pongo música. Siempre suena algo que al final nunca escucho porque me gana el trabajo, pero la extraño cuando deja de sonar y me siento solo. La música es una buena confidente, sabe todos los secretos porque está hecha del mismo material que los presagios y la esperanza y las ilusiones desmedidas. Hasta el quinto piso de la Av. Pardo ha trepado una mariposa abriéndose camino entre el aire salino, desalmado y teñido del polvo negro que deja la 10 cuando pasa. Ahora tengo un motivo para escribir.
Un libro no es solo un libro. Un verso no es solo un verso. Una canción es más que una canción. Todo alrededor es una voz que habla para que todas las voces sean escuchadas, para que quienes son también nosotros tengan un sitio en esta vida.