viernes, julio 24

Mariposa

Y te inventaste alas para batirlas en el aire y traerte de regreso. Y te inventaste un cielo sólo para volarlo… tu voz tiene de triste y victoriosa, como si acabaras de vencer a gritos al silencio que se empeña en silenciar tu dicha. Puede que estés más amante y más perfecta, puede que prefieras el invierno, las huellas descalzas de lo incierto, un pez volador, una sonrisa a medias. Puede que una esquina de tu infancia aún reconozca mi silbido y que todavía te asusten los eclipses y abejorros.

Tus manos tienen más de mujer y menos de tormenta, aunque conserven la fuerza, la zozobra, el coraje y las heridas. Traes contigo la paz de tus fantasmas. Pero también la pisada firme, la buena muerte, el labio de carne y el beso de magia… no ha claudicado nada en tus montañas, no se ha perdido nada entre tus valles. Las nubes siguen siendo nubes y nuestro árbol, el más árbol.

Las bienvenidas son como el rocío, pero llueve, llueve y llueve mientras se conjuran todas las mariposas en el andén de los augurios. Te inventaste alas para batirlas en el aire y te inventaste un cielo sólo para volarlo…

... qué suerte de abril por estos días de julio, qué verdad verde y sin sombra.

viernes, julio 17

Todos silban Lili Marleen

A Betty la llamaban Lili, y trabajaba en una verdulería. Marleen era una joven enfermera. Ambas volvían loco a Hans Leip, un soldadito que, al no poder decidirse por una de las dos bellezas, decidió escribir un poema y dedicárselo a Lili Marleen. Corría la I Guerra Mundial y el autor de aquellos versos no podía entonces imaginar que su Lili Marleen sería cantada generación tras generación por los grandes de la música alemana, traducida a decenas de idiomas, parodiada y versificada durante cien años, e incluso, número uno en Japón.

Hans Leip publicó por primera vez el poema de Lili Marleen en 1937, 22 años después de haberlo escrito. Lili Marleen no es sólo una historia de amor, sino también una triste despedida, ya que el soldado que entregó su corazón a las dos jóvenes ha de marchar al frente. A nadie le interesó durante el periodo de entreguerras. En los locos años 20 no había lugar para poemas melancólicos.

Así que Lili Marleen tuvo que esperar al siguiente conflicto para salir de los anaqueles del olvido. En 1938, el compositor alemán Norbert Schultze le puso música al texto, y en 1939, una joven y aún desconocida Lale Andersen grabó el primer disco de Lili Marleen. Los nazis prohibieron la canción al considerarla de "carácter funesto", pero esta vez Lili Marleen no volvería a caer en los archivos.

En la segunda gran guerra Lili Marleen comenzó su vertiginoso ascenso. En 1941, tras la capitulación de Yugoslavia, los soldados alemanes se hacen con Radio Belgrado, desde donde suenan incansablemente Lale Andersen y Lili Marleen. En 1944 aparece la versión inglesa. Fue la canción favorita de los soldados, independientemente del frente, y se tarareaba entre las trincheras en todos los idiomas.

La versión de Lili Marleen de Marlene Dietrich se tituló "La chica bajo la farola". Al mundo nunca le interesó que Hans Leip considerara que el poema se encontraba entre lo peor que había escrito. Tampoco que pensase que Lili Marleen no debía ser cantada por mujeres, porque era la historia de un hombre enamorado. Nadie tuvo tanto éxito entonando Lili Marleen como ellas: Lale Andersen y Marlene Dietrich.

Los años 50, 60 y 70 trajeron todas las variantes posibles de Lili Marleen, de serias a chistosas, de rock a clásica, de fieles al original a totalmente renovadas. Frank Sinatra, Perry Como, Milva y Eric Burdon fueron algunos de los muchos que cantaron Lili Marleen. Y así hasta hoy. Lili Marleen es la canción alemana más famosa de todos los tiempos, la que más veces se ha vendido y a más idiomas se ha traducido. Pero es más que eso, es la historia de un joven enamorado, que tiene que dejar a sus chicas para embarcarse en el sinsentido de una guerra.

Mamá solía cantarla mientras se ocupaba de cosas de la casa y ella la había aprendido de papá, que solía sentarse en la mecedora del patio a silbar como un jilguero. Él no se embarcó a la guerra, pero de alguna manera, cruzar el océano para venirse a América supuso dejar atrás el amor sereno y feliz de un pueblito en Sicilia, de una mamma... y quién sabe también si de su propia Lili Marleen.


viernes, julio 10

En blanco y negro

Tiene un encanto especial tirarse en el sofá a dejar pasar las horas mientras seguimos por televisión algún clásico del cine en blanco y negro. No sé si es la tarde, o el domingo, o el domingo por la tarde, pero uno puede de pronto verse invadido de fantasmas, transportado a tiempos idos, mitológicos, a ciertas versiones de futuro que delataban la precariedad de su utilería pero la solidez de sus dramas. A veces es como meterse dentro de un afiche, caminar por entre las luces de una maquesina para acomodarse al lado de Gary Cooper, Katherine Hepburn, Montgomery Clift, Bette Davis, Jimmy Stuart, Marlene Dietrich, Steve McQueen, y sentirse del otro lado del mundo, en otra orilla, a salvo de la vida, con los pies balanceándose en el vacío mientras le lanzamos piedritas al puto mundo real.

Siempre me han gustado las películas que los viejos llamaban "de romanos" y que en la Universidad Chacho, Ricardo y Emilio llamaban, siguiendo a los críticos franceses, péplum. Confesión de parte: esta vocación por el género tiene que ver con mi afición a la épica, pero sobre todo con mi devoción por sus personajes femeninos, desde Ruth hasta Esther, pasando por Dalila, y desde Clitemnestra hasta Semiramis. En la escuela italiana donde me educaron, no nos importó ver caer al Imperio Romano con Sofía Loren a la cabeza. Tenían la buena costumbre de pasarnos películas aprovechando el viejo proyector del Auditorio Raimondi y allí, entre butacas con olor a madera seca y telas guardadas, nos picó el mosquito de la primera fiebre sexual, aquella que nos hacía dormir vencidos por la imagen de mujeres tentadoras como la Lollobrigida, Barbara Brylska, Sylva Koscina, Laura Antonelli y Rossana Podestà en su papel de Helena de Troya. Ellas fueron las maestras de nuestra educación sentimental, creo que todos pasamos la materia con honores y lo mejor de todo fue que nunca nos tomaron un examen.

Todos estos seres en blanco y negro fueron maravillosos pretextos para soñar y dejar ir la imaginación más allá de donde nuestros padres nos daban permiso. Volver a ese mundo en escala de grises es como obrar una resurrección masiva. Y eso está muy bien, porque hubiéramos querido que no se murieran, que no se acabaran, que no se fueran, que no los hubiéramos olvidado. La más grande de todas, Casablanca, nos repite que Bogart ya no está, y nos gusta pensar que está peleando contra los fascistas en alguna parte de Europa. Tampoco Peter Lorre, al que pensamos auxiliando a la libertad para que no se asfixie, ni Ingrid Bergman, a la que nuestro empático corazón pro Rick la condena a vagar por el mundo buscando el París que dejó ir. Tampoco está Dooley Wilson ni las viejas canciones, porque el tiempo pasa y un beso es un beso, un suspiro es sólo un suspiro y las cosas fundamentales suceden mientras el tiempo pasa.

Todos estos sueños parecen muertos en el mundo real, pero por suerte tienen otra vida... en blanco y negro.

viernes, julio 3

Reivindicación del yan kem po

Maspro Denkoh Corporation, un gigante japonés que colecciona obras de arte como los dragones antiguos sometían a las princesas, está a punto de decidir qué hacer con los US$20 millones que representan un paisaje de Cézanne, una callejuela del primer Picasso y la vista que Van Gogh pintara desde un galpón parisino. ¿Christie’s o Sotheby’s? Ambas casas de subasta son serias y han extendido contratos importantes. La decisión de Maspro Denkoh recae en Takashi Hashiyama, el hombre a cargo. Un pequeño comité lo observa orientalmente en el salón de directorio de vidrios impolutos y aire muy chic. Finalmente, se alisa el traje, resopla como si escupiera el corazón de una manzana atravesada en el pescuezo y decide que habrá que echarlo al yan kem po, un recurso milenario tan digno como el cara o cruz, ideal para desfacer entuertos sin sentirse culpable. Christie’s y Sotheby’s se batirán a un duelo de piedra, papel y tijera.

Hubo un tiempo en que todas las formas de la justicia y la democracia se dirimían en el yan kem po. Piedra, papel y tijera, representados en un juego de dedos alzados o recogidos, eran las armas totales. La piedra rompe las tijeras. El papel envuelve y atrapa a la piedra. Las tijeras hacen trizas al papel. La teoría de juegos matemática reduce el asunto a un problema de elección aleatoria. Pero como no son máquinas los involucrados, la psicología e intuición se mezclan en esta lúdica actividad. “No se trata de predecir qué es lo que tu oponente va a sacar. Es, más bien, predecir lo que tu oponente cree que tú vas a lanzar”. Esto lo dice Bob “The Rock” Cooper, campeón absoluto en el 2006 de la World Rock Paper Scissors Society (www.worldrps.com). Sí, hay jugadores profesionales y un torneo internacional del piedra-papel-tijera.

Existe un fino vértigo detrás del yan kem po, de pronto el cuerpo es invadido por un flujo que encoge el pecho y nos pone la piel de gallina. Como los curtidos jugadores de póker, hay quienes optan por no mirar a su oponente, otros que lo enfrentan con la mirada más conveniente. Se trata de un ajedrez de engaño, de la inseminación de la duda, de un juego de velos e intenciones que se proyectan para operar, al final, cualquiera de las demás alternativas.

La variante con el "lagarto" y "spock" es obra de Sheldon Cooper, el mejor personaje de la serie The Big Bang Theory. La lógica es la misma, pero la grandilocuencia, más compleja: “Las tijeras cortan el papel, el papel cubre a la piedra, la piedra aplasta al lagarto, el lagarto envenena a Spock, Spock destroza las tijeras, las tijeras decapitan al lagarto, el lagarto se come el papel, el papel refuta a Spock, Spock vaporiza la piedra, y, como es habitual… la piedra aplasta las tijeras.”

El yan kem po es como la definición por penales. Hay dos frente a frente que se juegan la gloria o el oprobio. Dicen que no hay penal errado sino mal pateado, porque todos los penales deberían entrar. Pues, en el yan kem po no hay jugada mala, porque todas tienen la misma carga del destino. Si el delantero falla el penal será condenado, si el portero ataja será endiosado. Pero si uno pierde al yan kem po, habrá sido todo culpa de los dioses. Es la forma más digna y humana de perder, porque la culpa nunca es de uno.

La suerte de los cuadros de Takashi Hashiyama se decidió en Londres. Los representantes de cada casa de subasta se sentaron frente a frente. En vez del tradicional mano a mano, escribieron su opción en una hoja. La tijera de Christie’s cortó el papel de Sotheby’s y el Cézanne se vendió en 12 millones de dólares. Luego seguirían otras dos partidas por el Picasso y el Van Gogh. De esta manera, Hashiyama aliviaba cualquier mala decisión y Sotheby's y Christie's practicaban la revancha. Porque el yan kem po siempre da revanchas.