
Newton soñó una manzana que caía de abajo para arriba, y dió con la ley de la gravedad. Un poeta (creo que fue Marlowe) soñó en la Vía Láctea el fluir de la sangre de Cristo por el firmamento. Li Yutang atribuía gran importancia al soñar, “sobre todo para reír”, pero Lawrence de Arabia exigía todas las cautelas contra quienes sueñan de día y con los ojos abiertos. En el Deuteronomio se advierte que Dios permite, a veces, ver en sueños dioses desconocidos para probar la fortaleza del creyente. Keats concreta esa advertencia en La caída de Hiperión y establece la distinción entre el soñador poeta y el soñador vidente, «diametralmente opuestos / antípoda uno de otro. / Aquél apacigua el mundo con su bálsamo, / éste lo veja». En Alemania, el pesimista Schopenhauer soñó en las últimas horas de la Nochevieja que un grupo de hombres le daba la bienvenida cuando visitaba un país desconocido para él y reconoció en uno de los adultos a un compañero de juegos de la infancia que tenía su misma edad y había fallecido a los diez años, tres décadas atrás. El gran pesimista interpretó el sueño como un aviso de que, si no abandonaba Berlín en seguida, caería víctima de la epidemia de cólera.
El sueño es un imperio confuso. Aunque hace poco, los doctores Matthias Bischof y Claudio Basetti, del Hospital Universitario de Bern, informaron en el Annals of Neurology de sus andanzas en pos del lugar donde ocurren esas cosas. Una de sus pacientes perdió la capacidad de soñar a raíz de un ataque cerebral que afectó con mayor gravedad a la circunvolución inferior derecha del nervio lingual, en el córtex visual. De ahí no infieren que el lugar de los sueños sea ése, sino que ésa es la zona en la que una patología mínima puede resultar suficiente para que el afectado pierda la capacidad de soñar. El hecho, por otro lado, de que la actividad soñadora haya dejado de relacionarse exclusivamente con el llamado sueño REM (rapid eye movement) y de ser considerada como imprescindible para la formación de la memoria y el buen estado general de la salud, anima la posibilidad de que el lugar de formación y residencia de los sueños goce de una autonomía extraña y singular por desconocida.
Ojalá permanezca así, extraña y desconocida. Los sueños son lo único nuestro que no ha entrado al libre mercado (ahora hasta las asociaciones en favor de la donación de órganos deben lidiar con grupos que ofrecen al mejor postor las partes de sus familiares occisos por internet). La ciencia ficción se ha ocupado de recrear la posibilidad de que el hombre pueda adquirir recuerdos y pueda soñar a la carta; de hecho, The Matrix nos instala en un sueño perpetuo vigilado por las máquinas, y el panorama resulta siempre desalentador. Por ello, que no se descubra dónde están y cómo se hacen, porque los sueños de alguna manera son el más cálido refugio, nuestra realidad virtual más íntima y genuina, nuestra última esquina de libertad.
Ojalá permanezca así, extraña y desconocida. Los sueños son lo único nuestro que no ha entrado al libre mercado (ahora hasta las asociaciones en favor de la donación de órganos deben lidiar con grupos que ofrecen al mejor postor las partes de sus familiares occisos por internet). La ciencia ficción se ha ocupado de recrear la posibilidad de que el hombre pueda adquirir recuerdos y pueda soñar a la carta; de hecho, The Matrix nos instala en un sueño perpetuo vigilado por las máquinas, y el panorama resulta siempre desalentador. Por ello, que no se descubra dónde están y cómo se hacen, porque los sueños de alguna manera son el más cálido refugio, nuestra realidad virtual más íntima y genuina, nuestra última esquina de libertad.
2 apuntes:
Creo que los sueños son más profundos incluso que esas fantasías virtuales que las máquinas querían implantarles a los humanos en The Matrix. De lo contrario, Neo nunca hubiera sido capaz de sentirse insatisfecho y cuestionar un mundo virtual que todos asumían como la realidad, más allá de la cual supuestamente no habría nada… Aunque la película The Matrxz se presta para muchas más lecturas…
Por otro lado, ojalá que los sueños nunca entren al Libre Mercado, si no la creatividad se atrofiaría… Dicen que el talentoso es aquél que sabe dar en el blanco en el mercado (con criterios quizás mercantiles); el genio es aquel que da a un blanco que nadie más ha visto en el mercado (con criterios dictados por la inspiración)… En suma, la diferencia entre el talentoso y el genio, es que el segundo no sólo conserva su capacidad de soñar sino además es capaz de llevar sus sueños más allá de las exigencias del mercado; más allá de las opiniones de los pragmáticos que lo recriminan por no ser realista… A veces me pregunto si hasta las más afiebradas fantasías no serían una suerte de reflejo (aunque sea algo opaco) de una forma de sabiduría que los supuestamente «más realistas y maduros» son incapaces de vislumbrar.
Me agradó tu texto, me identifico con muchas cosas
Un abrazo
Qué inquietante eso de que alguien pueda perder la capacidad de soñar. Claro que no sé si aquí soñar equivale a imaginar. Dejar de imaginar sí debe ser lo más terrible del mundo, tanto como dejar de ver.
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