Para
Charles Dickens la vida no fue fácil. Su padre fue encarcelado por deudas cuando
tenía 12 años y eso lo llevó a trabajar en una fábrica de calzado, donde experimentó
la dura vida de las clases desfavorecidas de su país. Se impuso la lectura y la
escritura para poder ascender y apoyar a su familia y lo consiguió de manera
autodidacta. Pronto obtuvo un nuevo empleo, esta vez como pasante de abogado. Había
sido un gran avance, sin duda, pero Charles soñaba con hacerse dramaturgo y
periodista. Aprendió taquigrafía, comenzó a escribir crónicas de tribunales
para luego convertirse en periodista parlamentario y, finalmente, bajo el
seudónimo de Boz, publicó en 1833 una serie de artículos inspirados en la vida
cotidiana de Londres.
En 1836 contrajo matrimonio con Catherine Hogarth, hija del director del
Morning Chronicle, el periódico que difundió, entre ese año y el siguiente, el
folletín de Los papeles póstumos del Club Pickwick, y los posteriores Oliver
Twist y Nicholas Nickleby. La publicación de sus novelas por entregas resultó
un éxito y la oportunidad de intervenirlas en función de la actualidad
londinense le dieron un gran impulso al escritor.
A medida que los años pasaban, su estilo cambió de un tono ligero a uno de
mayor compromiso social. Ejemplo de ello fue Oliver Twist, obra que le dio un
gran renombre a nivel internacional, sobre todo en los Estados Unidos, país que
visitó en 1842 y del que quedó decepcionado. Sus críticas, reflejadas en una
serie de artículos y en la novela Martin Chuzzlewit, indignaron a los
estadounidenses y la novela supuso el fracaso más sonado de su carrera en el
viejo mundo. Pero todo eso quedó en el olvido un año más tarde con la
publicación de Canción de Navidad, historia que ha sido adaptada en miles de oportunidades
debido a la universalidad de su tema: la tolerancia y la caridad como valores.
Dickens decidió entonces ampliar su radio de acción e incursionó en la
dramaturgia y el periodismo con la fundación del efímero Daily News. Tras el
cierre del rotativo, se dedicó a la que sería una de las novelas más perfectas
de su carrera: Dombey e hijo (1848). En ella, maneja de forma genial los
recursos literarios y la posibilidad de planificar detalles y poder volver
atrás para afinarlos (a diferencia de sus primeras entregas). Esto le dio una
unidad inquebrantable a la historia.
En 1849 Charles Dickens fundó el Household News, un semanario donde además de
promover nuevos talentos, como su amigo Wilkie Collins, publicó La casa
desierta y Tiempos difíciles, ambas aclamadas desde su salida. En las páginas
del Household News aparecieron también diversos ensayos, casi siempre
orientados hacia una reforma social. Y aunque todo iba bien en su carrera, su
vida personal era por demás complicada. Las constantes infidelidades y reproches de su
esposa terminaron en separación. El hecho constituyó un escándalo que
debió ser aliviado por el mismo Dickens desde su trinchera semanal.
Ese mismo año, emprendió un viaje por Irlanda y el Reino Unido, adquirió la
casa donde había transcurrido su infancia y la convirtió en su residencia
permanente. En 1867, inició una gira en Estados Unidos que confirmó su
notoriedad mundial. Incluso llegó a ser recibido por la reina Victoria poco
antes de su muerte, acelerada por las secuelas que un accidente de ferrocarril
dejó en su ya débil estado físico, en junio de 1870. Sus restos reposan en la
abadía de Westminster, tras unos grandes funerales acordes con su legado. Este 7
de febrero habría cumplido doscientos años “el abogado de las clases deprimidas”-
como lo describieran en un panegírico- y creo que precisamente allí reside
el secreto de su tremenda actualidad.
