
Uno de los récords históricos que desde ya no tiene visos de ser rebajado es el de los 100 metros planos femenino. Florence Griffith es la mujer más rápida de la Historia. La atleta estadounidense paró el reloj en 10.49 el 16 de julio de 1988 en Indianápolis y nadie ha conseguido alcanzarla (bip, bip). Desde entonces, sólo Cristine Arron ha conseguido acercarse más que nadie con 10.73, 24 centésimas más que el récord de Griffith, es decir, un mundo de distancia en el hectómetro. Parece que el caso de Florence es excepcional, pues habría desarrollado mejor que nadie sus capacidades para correr por encima de sus límites fisiológicos.
Si Fukuyama planteó el fin de la historia, acaban de plantearnos el fin de la gloria. Se acabó el más allá, la galería de héroes deportivos no aceptará más miembros y lo terrenal habrá de gobernarlo todo. A partir de entonces, seguir las Olimpiadas será una distracción que ofrezca estética y arte antes que músculos y cronómetros... todo debía acabarse en algún momento, ¿no?, incluso el súper ego que nos manejamos como raza. Pero queda un consuelo: aún no hemos llegado al límite de las capacidades intelectuales... para eso, lamentablemente, aún falta mucho, muchísimo trecho por delante ¿o ya habremos conocido a la Florence Griffith de las neuronas? Hagan sus apuestas.



